martes, 22 septiembre 2020 23:45

El Luzhnikí o Lenin, un estadio con mucha historia que cerrará por reformas

“El nuevo estadio será mejor y dará cabida a más espectadores, pero lo más importante es que se conservará la pista de atletismo”, aseguró a Efe Valentín Balajnichov, presidente de la Federación de Atletismo Rusa (FAR).

El Luzhnikí, que suele acoger los partidos de la selección rusa de fútbol, será remodelado para la ceremonia de inauguración y la gran final de la Copa Mundial de fútbol de 2018.

En un principio se habló de demoler el vetusto estadio, pero finalmente, según la prensa debido al estancamiento de la economía nacional, el Gobierno optó por la remodelación de la joya del deporte ruso.

Con vistas a los Mundiales, la FAR ha puesto todo su empeño en renovar las pistas de atletismo de color azul celeste, que quedan virtualmente sepultadas por la nieve durante el largo invierno ruso.

Un ensayo general de los Mundiales tuvo lugar durante los campeonatos nacionales que se celebraron a finales de julio y en los que la “zarina de la pértiga”, Yelena Isinbáyeva, logró su enésima victoria y anunció su retirada del atletismo.

De hecho, los Mundiales rinden homenaje a la pertiguista y se puede ver claramente la silueta de la doble campeona olímpica y 28 veces plusmarquista mundial atacando el listón.

Los aficionados pueden desplazarse en metro hasta el estadio que está a orillas del río Moskova, ya que la estación más cercana se encuentra a apenas 10 minutos a pie.

Mientras, se esperan unas medidas de seguridad sin precedentes tras el atentado terrorista ocurrido en abril pasado durante el maratón de Boston.

El Luzhnikí, que tiene cabida para más de 70.000 espectadores, ha sido escenario a lo largo de sus más de 56 años de historia de numerosos acontecimientos deportivos y también de una tragedia similar a la de Heysel.

Para cualquier aficionado, lo primero que llama la atención al acercarse al estadio moscovita es la enorme estatua de Lenin, fundador del Estado conocido como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Superada la sorpresa inicial, Lenin da la bienvenida a los aficionados a un estadio que acogió el 19 de julio de 1980 la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Moscú y su inolvidable oso “Misha”.

Aquellos Juegos Olímpicos son aún recordados por el boicot de Estados Unidos y sus aliados, al que la URSS respondería con la misma moneda en Los Ángeles'84.

Lo que había sido ideado como una campaña de imagen y una fiesta socialista por los dirigentes soviéticos acabó siendo la primera olimpiada boicoteada por motivos políticos.

Hasta 65 países secundaron el boicot estadounidense, incluido potencias deportivas como la Alemania Federal y China, y otros como Canadá, Japón e Israel.

Washington aprovechó la precipitada decisión del Kremlin de enviar tropas a Afganistán para llevar al antagonismo político de la Guerra Fría al terreno del deporte, en el que la URSS era la mayor potencia mundial.

Precisamente, el español Juan Antonio Samaranch fue elegido presidente del Comité Olímpico Internacional tres días antes de la inauguración, el 16 de julio de ese año.

Su antecesor, el irlandés Lord Killanin, arremetió en su discurso de clausura de los Juegos contra la intromisión política en el deporte, en una clara alusión al boicot liderado por Washington.

A pesar del boicot, se batieron 32 plusmarcas mundiales, 17 de atletismo y 15 en natación.

Precisamente, una de las escasas estrellas occidentales que sí viajaron a Moscú fue el actual vicepresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), Sebastian Coe, y su acérrimo rival, Steve Ovett.

Coe llegó como máximo favorito a la victoria en los 800 metros lisos, pero sólo pudo ser segundo, aunque se resarció con creces en los 1.500, en los que batió al líder de esa distancia mítica, su compatriota Ovett, que tuvo que conformarse con el bronce.

El Luzhnikí fue incluido en 1998 en la lista de estadios cinco estrellas por la UEFA, tras lo que acogió en 2008 la única final puramente inglesa de la historia de la Liga de Campeones entre Manchester United y Chelsea, que se llevó el primero en la ruleta rusa de los penaltis.

El 20 de octubre de 1982 fue escenario de la mayor tragedia en la historia deportiva de este país durante un partido de la Copa de la UEFA entre el Spartak local y el Harleem holandés.

Debido a una avalancha, 66 aficionados murieron, lo que es recordado por un pequeño monumento conmemorativo que se encuentra en las inmediaciones del estadio.