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Ariel Corniel tiene 21 años y la mayoría de ellos los ha dedicado a moverse en el mar con una tabla y una cometa, atraído por el deporte del kiteboarding.

En 1999 descubrió esta modalidad deportiva en la playa de Cabarete, en República Dominicana con apenas siete años. “Me resultó un deporte muy apasionado y no me quedó otra que aprenderlo”, explica en una entrevista a Efe.

Bajo una de las carpas del Mundial de windsurf y kiteboarding, que estos días se celebra en Playa de la Barca en Jandía (Fuerteventura), recuerda cómo a los 13 años empezó a participar en competiciones nacionales y dos años después, en 2007, ganó la Copa Mundial en Brasil.

Desde entonces, ha recorrido unos 50 países aunque siempre regresa a Fuerteventura, isla que fue, durante dos años y medio, su lugar de entrenamiento y donde vive su entrenador personal, Luis de Dios.

Corniel no escatima en elogios al hablar de Fuerteventura. “El sol y el agua son muy buenos, con viento todos los días, muy parecidos a los de mi país y además reúne unas excelentes condiciones para la práctica del kiteboarding”, relata.

A pesar de que ahora ha establecido su residencia en Alemania y que asiste anualmente a una media de 14 competiciones internacionales, en su agenda siempre reserva, al menos, tres fechas para poder viajar hasta tierras canarias.

El dominicano recuerda cómo con ocho años un amigo le habló en la República Dominicana de “Isla Canaria”. “Yo no sabía en ese entonces lo que era, pero en 2009 llegué a Fuerteventura y me dije: esto es Isla Canaria”, comenta.

Sin embargo, Fuerteventura le produce un sabor agridulce, pues las dos lesiones más graves sufridas en su carrera deportiva han tenido lugar en la isla: una distensión de ligamento en 2010 que le apartó durante meses de las tablas, y una lesión en un costado dos años después.

Aunque siempre ha destacado en las pruebas de freestyle con la que ha entrado en acción hoy miércoles, este año en Fuerteventura se ha convertido en todo un descubrimiento en slalom, donde ha quedado en cuarto lugar.

Entre sus objetivos está seguir compitiendo hasta los 25 o 26 años y “poner mi nombre entre lo más nombrados”, comenta el dominicano. “Una vez que me retire, quiero dedicarme a trabajar para la empresa de kite o ser manager o diseñador”, asegura.

Otro de sus proyectos para el próximo año es crear una fundación con su nombre destinada a ayudar a las familias más necesitadas de su país, en especial de La Ciénaga, una zona castigada por la pobreza.

La fundación se perfila como un instrumento con el que poder ayudar a los pobres y, sobre todo, a los niños, aportándoles el material necesario para que hagan deporte y puedan ir a la escuela.

Para Ariel el fin último de la asociación es que los niños dominicanos “tomen el camino bueno y se alejen de las drogas y el alcohol”.

Desde el extremo sur de Fuerteventura el dominicano reflexiona: “si tienes una meta, síguela, y no te dejes llevar por el amigo, eso te ayudará a seguir adelante”.