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Llegó rodeado en la polémica, soportando críticas y teniendo que salir al paso de los rumores. Estaba triste. Solo quería nadar los relevos, porque no estaba tan fino como en los Juegos de Londres, y porque se quería tomar un respiro en los campeonatos mundiales de Barcelona. Tras entrar en el Olimpo, los rivales sospechaban que no se atrevía con el fracaso. Además, rompió con su entrenador de toda la vida e incluso se especuló con que podía dejar la natación. Pero todo han sido habladurías, porque el francés Yannick Agnel volvió a demostrar este martes que es el rey del estilo libre.

Corrió su prueba favorita, los 200 metros estilo libre, donde ganó el oro en Londres, y lo hizo con una superioridad que dejó con la boca abierta a medio Palau Sant Jordi. Sobre todo al estadounidense Ryan Lochte, que quería tomarse la revancha de los Juegos Olímpicos del verano pasado y que tuvo que volver a hincar la rodilla ante el gran torpedo francés.

En la piscina de la capital británica, Agnel le pintó la cara dos veces al genio de Nueva York. Primero en los relevos cortos, pasándole con un descaro insultante, y luego en los 200 m., donde incluso Lochte se quedó sin medalla. La humillación se ha vuelto a repetir en Barcelona, donde el estadounidense apuntaba como estrella de los campeonatos y sin embargo no está ofreciendo muy buenas sensaciones. Ya lleva dos decepciones. El domingo pasado, Francia se proclamó campeona mundial en 4×100 m. libres, superando a EEUU en una posta final increíble. Lochte estuvo lento y no aportó su potencial. En la final de este martes, Agnel repitió la gesta de Londres y Lochte falló de nuevo. La carrera era una reedición del duelo entre ambos, pero Agnel no lo permitió. Tapó unas cuantas bocas en solo cuatro largos y un minuto y 44 segundos.

Aunque salía por la calle 2 y en las 'semis' no se le vio muy fino, el galo salió a reventar la carrera. Lo logró bien pronto, casi en el paso por el 50. Tocó la pared en el primer viraje en 24.07, disparado hacia el oro a un ritmo que nadie podía seguir. El único que lo intentó, el australiano McEvoy, acabó desfondado y en séptimo lugar. Al paso del 100, los favoritos doblaron alrededor de un segundo peor que Agnel, una distancia que parecía insalvable a no ser que el galo tuviera un pinchazo sonado. No lo tuvo, fue capaz de doblar en el segundo hectómetro, aguantó el tirón y ganó con una gran autoridad. Sus parciales fueron como un reloj suizo: 24, 26, 26 y 27. Metió más de un segundo al segundo clasificado (Dwyer) y casi segundo y medio al tercero (Izotov). Lochte, sin apenas opciones durante toda la carrera, no pasó de la cuarta plaza. Salió del agua con cara de pocos amigos y sin encontrar explicaciones a su nuevo gatillazo. Agnel, en cambio, fue todo felicidad. Lo ha pasado mal, dejó a su entrenador, anunció que se preparará con el técnico estadounidense Bob Bowman, conocido por haber entrenado a Michael Phelps, y no tiene techo. El de Nimes se marchará a Baltimore para heredar el legado de Phelps.

EE.UU. domina la espalda

La decepción que el fracaso de Lochte provocó en la delegación americana se atenuó en parte por la gran actuación de los espaldistas estadounidenses, tanto en chicos como en chicas. Matt Grevers se impuso en el largo final, tras un gran viraje submarino, en el que pudo superar a su compañero Plummer y al francés Stravius. En categoría femenina, Missy Franklin se colgó el oro y ya lleva dos. Ganó el relevo del 4×100 m. libres y este martes venció en los 100 espalda. Llegó con la intención de que estos sean sus campeonatos y lleva camino de ello.