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viernes, 30 octubre 2020 4:10

Un Barça sin identidad

La único lectura positiva que el Barça pudo hacer del amistoso ante el Bayern es precisamente que este equipo se parece muy poco al Barça de verdad. Valdés, Dani Alves, Piqué, Puyol, Jordi Alba, Busquets, Xavi Hernández, Iniesta, Cesc, Pedro y Neymar. Todos ellos ausentes en el Allianz Arena. Junto a Messi, un once titular que suena a habitual durante la temporada. Y aún sobraría uno.

Solo el astro argentino estuvo en Múnich en el primer partido de preparación para los culés, que perdieron por 2-0, tras los convulsos últimos días en el club blaugrana.

Ausente aún Martino, que será presentado el viernes en la Ciudad Condal, Roura dirigió a un equipo que solo pudo contar con doce miembros de la primera plantilla y once del filial y que no fue capaz de mostrar la identidad y filosofía de juego a la que su nuevo entrenador dijo que se adaptaría. En un partido contra un rival menor bastaría para salir dignamente del paso. Ante un campeón de Europa rodado, con un mes de preparación y seis choques a sus espaldas (con un balance de 35 goles a favor y uno en contra), resulta claramente insuficiente.

Y eso que Messi ya disparó a puerta a los treinta segundos de comenzar el partido. No dio para más el Barça ante el Bayern de Pep Guardiola, en su primer partido contra al club de su vida. Al campeón alemán ya se le nota la mano del de Sampedor. Continúa con su habitual contundencia y presión y le ha añadido sutilidad y toque. Mientras los locales jugaban a ritmo de competición oficial, a los catalanes se les notaba el peso de las sesiones físicas previas.

Atascados en la salida de balón, cedían el dominio y la posesión al rival y sufrían en cuanto los bávaros iniciaban su ofensiva.

Ribéry, a sus anchas

Ribéry campó a sus anchas mientras Montoya sufría la calidad y la capacidad de desborde del francés, al que se le sumaba por la banda izquierda el potentísimo Alaba para aumentar las preocupaciones de los defensas culés. El galo fue una pesadilla capaz de romper en el uno contra uno y centrar templado en cuanto su adversario le daba el espacio de seguridad para no ser superado. Así generó las ocasiones más claras de su equipo.

A los cuatro minutos ya apuró hasta la línea de fondo para dar el pase de la muerte al palo contrario para que Robben solo tuviera que empujar la pelota. Solo un providencial Adriano evitó el gol.

No fue así poco después, cuando un pase suyo al corazón del área azulgrana fue aprovechado por Lahm para marcar. El capitán germano se adelantó a Mascherano y remató de cabeza ante un Pinto que se quedó contemplando la jugada bajo los palos. Fueron dos de las muchas oportunidades con las que contó el Bayern, mientras que el Barcelona perdía la batalla en el medio campo y, salvo algunos intentos inanes de Montoya y Messi, parecía una presa fácil para el gigante de Baviera.

De hecho, la ocasión más clara blaugrana vino de una cesión con el pecho del lateral Rafinha a Neuer que fue a parar al palo justo antes del descanso.

La segunda mitad hizo aún más evidente la diferencia entre cómo afrontaban el partido unos y otros. Mientras Guardiola cambiaba a Thiago -del que el vicepresidente económico del Barça, Javier Faus, comentó que «sacar 25 millones por un suplente» era «una buena operación»-, Müller o Boateng por Schweinsteiger, Mandzukic o Van Buyten; Roura quitaba a Messi, Mascherano y Alexis para dar la alternativa a los imberbes Patrick, Román o Quintillá. Los canteranos cumplieron con dignidad, redujeron las ocasiones de su oponente y solo el delantero croata pudo ampliar la ventaja de los locales.

La llegada de Tata Martino y el regreso de los internacionales en los próximos días permitirán recuperar la esencia de un equipo que poco o nada tendrá que ver con el de ayer.

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