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Alberto Contador no olvidará nunca la última semana, los Alpes, del Tour de 2013, el de su vuelta a la carrera que le encumbró a nivel mundial después de cumplir su sanción. Ha terminado físicamente roto el Tour, sin poder moverse en la montaña, sin tener posibilidades de lanzar un ataque serio a Froome, a Quintana, superado en la última subida que tenía la carrera. ¡Ha sufrido en su terreno!

Que Contador lo iba a pasar mal en la penúltima etapa era algo que se veía venir, sobre todo por parte de Movistar, que le conoce muy bien. Desde el inicio, Eusebio Unzue y José Luis Arrieta pusieron a los ocho corredores que les quedaban en la prueba delante.

Con Nairo Quintana protegido, Erviti y Rubén Plaza le llevan enlatado, sin que le pegue el aire, se trataba de endurecer lo más posible los 125 kilómetros que podían dar un vuelco al podio.

No le hace falta mucho a Nairo para situarse estratégicamente en buenas condiciones. Tiene la viveza del que ha sentido la necesidad de buscarse la vida desde pequeño, la inteligencia natural que se adquiere cuando hay que encontrar el sustento mientras se va a la escuela.

Esas cosas no se enseñan en ninguna Universidad, salvo en la de la vida. Nairo ha tenido un equipo a sus disposición desde que Valverde se quedó sin opciones. Y lo ha tenido a conciencia. Imanol Erviti, que casi mide el doble que él, le lleva literalmente en el bolsillo por el llano, y el resto de sus compañeros, incluido ayer Rui Costa, van poniendo el ritmo que le conviene a la etapa.

Saben como mantener la diferencia que lleva la escapada, cuando hay que forzar, cuando se debe de descansar. Eso, lo dominan. De hecho, bajaron el pie a falta de 57 kilómetro, cuando tenían a los fugados a un minuto, para dejar que la ventaja aumentase. Más tarde, cuando faltaban trece kilómetros, Sky también entró a trabajar. Rui Costa metía la etapa en una locura colectiva que comenzaba a dejar secuelas.

El grupo principal se había convertido en una cuadrilla de amigos en la que estaban Froome, Porte, Contador, Valverde, Nairo Quintana, Kreuziger y Purito Rodríguez. Comenzaba a jugarse una partida de póker en la que, en principio, las cartas no eran las piernas, sino las caras. Los ciclistas van mirando los desarrollos de los que llevan al lado, su respiración, y en eso, Purito conoce muy bien a Contador, que lo llevaba pasando mal muchos días.

Fatiga

Purito atacó a 8,5 kilómetros de la meta. Nairo Quintana tenía muy bien aprendida la lección que le habían dado desde su coche. «Cuando Purito se mueva, si puedes, con él», le había dicho Unzue. Y pudo. Todavía se les pondrían mejor las cosas al contar con el concurso de Froome, que les cogió, primero, les dejó después, se paró, es decir, fue el Froome que llevamos viendo durante todo el Tour. Tiene unos momentos en los que se descontrola, se deja llevar por sus impulsos, hasta que le frenan desde el coche.

Le mandaron tranquilizarse. Contador no podía seguirles. Kreuziger se quedó con él. Le llevó hasta donde pudo. Cuando iban Porte, Kreuziger y Contador, nos venía a la memoria la diferencia entre el trabajo de Porte y Kreuziger, al menos cuando el australiano estuvo con Contador.

Kreuziger ha sido fiel a su líder, al equipo que le paga. Ha cumplido para lo que le ficharon. No es culpa suya que Contador no esté bien. El mundo se le iba viniendo encima a uno de esos ciclistas que parecía destinado a marcar una época. Purito y Nairo volvieron a discutir.

Le pedía relevos a Nairo el líder de Katusha. El colombiano le dijo que no. Si Purito quería el podio, o la etapa, se lo tendría que trabajar él solo. Froome estaba, sin más.

Lo que allí se iba jugando no le concernía. Purito trabajó, Contador padecía un calvario. Los segundos aumentaban.

¡Volvería Kreuziger a tirar de Alberto! pero era una guerra, esta vez sí, definitiva. La última batalla, el último aliento. Alejandro Valverde se quedó en tierra de nadie. Subía con soltura, pensando en la oportunidad que ha perdido.

A Froome le cuesta estarse quieto cuando hay subidas. Atacaría a falta de 1.200 metros. Quintana no se lo pensó. Ya era segundo en la general, buscaba la etapa y la montaña, es decir, todo. Purito dejaría a Froome a falta de cuatrocientos metros. Contador ya no estaba en la carrera. Sus pensamientos se perdían en en otro sentido.

Él mejor que nadie sabía que había perdido el podio, que sólo podía aspirar a llegar a la meta. No tiene que ser nada fácil para un ciclista de su nivel ver como van saltando corredores y no poder unirse a ellos. Movistar llevaba días madurando a Contador, obligándole a ir más rápido de lo que puede hacerlo en estos momentos, hasta conseguir que explote. Lo consiguieron en el último momento.

Sí la carrera de Nairo Quintana llama la atención, lo mismo se puede decir de como ha corrido Purito Rodríguez, que sin estar lejos de los mejores esperó hasta los Alpes para ir remontando, sobrepasar ciclistas y conseguir otro podio en una carrera en la que no ha estado más que en dos ocasiones. De hecho era su segunda participación en la prueba. En la primera, en 2010, finalizó séptimo. A los 34 años, su vida deportiva ha sido una espera sosegada, sin desesperarse.

Purito y Nairo Quintana serán dos corredores, sí vuelven a estar al nivel que han mostrado en este Tour, que se 'pegarán' por no trabajar, salvo que no les quedé más remedio que hacerlo. Uno buscaba el podio, Purito, y el otro, la etapa, la montaña, el maillot blanco y el segundo puesto de la general.

Froome hacía días que tenía el Tour ganado y Contador lo ha ido perdiendo poco a poco, hasta dejarse 2:28 con Nairo Quintana en un puerto que se hizo más complicado por estar situado en la penúltima etapa que por su dureza. Mientras Contador iba a menos, sus rivales fueron a más. Una carrera que después de veinte etapas, de los Pirineos y los Alpes, tiene una media horaria de 40,455 kilómetros por hora explica muy bien que llegar lo más entero posible a la semana final era la clave.