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«De vez en cuando es conveniente perder para no creernos imbatibles», proclamó Vicente del Bosque tras la dolorosa derrota sufrida en Maracaná, donde España, que se quedó en nada sin el balón, intenta extraer conclusiones positivas para el futuro, con la misma filosofía con la que ha ascendido al trono futbolístico, gracias al juego más creativo y elogiado del planeta. Ahora que se ha cerrado un ciclo y se abre otro, según reconoce el seleccionador, la mejor España de todos los tiempos espera que la goleada ante Brasil sirva de lección para el Mundial del próximo año. El primero de la historia en el que 'La Roja' -aunque aún debe refrendar su clasificación- defenderá título, y ya sabe cómo se las gastará la anfitriona, con permisividad del árbitro incluída. Sin embargo, dada la evidente superioridad de los brasileños, ni siquiera puede servir en esta ocasión como excusa. Mejor así, ahora que España se ha llevado una cura de humildad y vuelve a poner los pies en el suelo, abandonado ya hace un lustro el victimismo al que estaba unida.

Reabierto el debate del doble pivote que ya parece imprescindible ante selecciones agresivas y de presión asfixiante como Brasil, el del '9' sin puntería, el de los laterales que defienden mal, y el del estado de forma de Xavi, fundido y desactivado en la final, España afronta con demasiadas dudas una nueva era. Obligada por el varapalo de Maracaná. Sin renunciar al toque que tanta gloria le ha dado, sí precisa Del Bosque encontrar relevos procedentes de las categoría inferiores y otras soluciones tácticas cuando la situación y el rival lo requieran. Sin Xabi Alonso en la Confederaciones, Del Bosque ha apostado durante todo el torneo por un único mediocentro (Busquets). Sin embargo, al igual que frente a la también dura Uruguay España maravilló en su debut con un fútbol excelente, espectacular, veloz y preciso, al que solo le faltó más gol, ante Italia en semifinales y Brasil en la final 'La Roja' se vio desbordada en el medio campo. La excepción fue la prórroga frente a la 'Azzurra', con el polivalente Javi Martínez como sorprendente '9', porque Del Bosque no quería perder altura.

También cayó España en la anterior Copa Confederaciones de 2009, en las semifinales frente a Estados Unidos, con Xabi Alonso como único pivote. Desde aquel fiasco, Del Bosque no había vuelto a recurrir a esa táctica, con la que España ha ido de más a menos en el torneo brasileño, en el que se vio golpeada por el calor, la humedad y el cansancio. Sin la energía ni intensidad suficientes ante una anfitriona encendida ya desde que sonaron los himnos, y con un Neymar en ebullición. Imposible de frenar el crack por el discutido Arbeloa, pero también por los centrales (Piqué y Ramos). Brasil se encargó sin embargo de anular por completo a sus principales referentes ofensivos, Xavi e Iniesta. Es el momento de ir asumiendo que el final del cerebro azulgrana está cada vez más cercano y se hace necesario que su sustituto comience a tener más peso en la absoluta. Se trata de Thiago, elegido el mejor futbolista de la reciente Eurocopa sub-21 conquistada por España, que se ajusta al triunfador estilo del 'tiqui-taca', como también Beñat, aunque se reclame más físico en el medio campo.

Más complicado es encontrar laterales de garantías, porque en la reserva, de momento, solo están Azpilicueta y Monreal, y el fútbol español siempre ha adolecido de jugadores sólidos en esas posiciones. Igual que España sigue echando muy en falta un 'killer' del área, porque si la última Eurocopa se ganó con un 'falso 9' (Cesc), en la Confederaciones Del Bosque ha alineado a los tres delanteros centro convocados (Soldado, Torres y Villa), pero lejos de ganar crédito, aunque el 'Niño' se haya llevado la Bota de Oro, continúan sin convencer. En la recámara sigue Negredo, porque aún es pronto para Morata.