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Los niños españoles han aprendido a formular la tabla del ?9?. La culpa es de la selección española de fútbol. Porque el que marca los goles suele ser el espejo en el que los más pequeños se miran. Es el héroe. El que sale en todas las fotos. La cara de la victoria. Es a quien todos señalan. Es el cromo más difícil. Sin embargo, con Vicente del Bosque el encargado de la suerte final se ha subido en un tiovivo en el que los chavales deben adivinar quién será su ídolo.

Todo empezó con las estrategias de Pep Guardiola en el Barcelona para incluir a Cesc Fàbregas en el equipo que vertebra ?La Roja?. Del Bosque, obligado por la inercia de la principal fuente de su equipo, copió el esquema y apostó por el exjugador del Arsenal. Desde entonces, cada alineación se convirtió en un acertijo y un debate hasta para los recreos de España. Pero un hombre cambió la tendencia y devolvió al ?9? al esquema de España. Roberto Soldado, el hombre que se crió en las divisiones inferiores del Real Madrid en las que Del Bosque ascendió y se educó como técnico, convenció al salmantino de que el ariete era necesario en el fútbol fluido de los rojos. Sabedor de que los torneos de verano se ganan con jugadores en racha, el técnico apostó por el delantero del Valencia para iniciar la Confederaciones y el delantero del Valencia correspondió con un gol.

Sin embargo, para el segundo partido los niños ya debieron discutir. Fernando Torres y David Villa compartieron plaza ante la débil Tahití. El fuenlabreño sumó cuatro tantos y el asturiano tres. El gol de penalti del madrileño permitió discutir a los pequeños por el mérito de uno y otro para colocarse en el campo del colegio hasta que Soldado regresó al puesto de titular contra Nigeria. Pero aquel día el guardameta Eneyama venció en un cara a cara al valenciano y Torres apareció en la segunda parte para anotar con un remate acrobático de cabeza que sentenció el partido y ganó seguidores para su bandera.

Los problemas físicos de Soldado y la puntería del jugador del Chelsea abrieron la puerta al ?Niño? en la posición de ?9?. Pero Italia levantó un equipo que descentra a los adversarios encargados de anotar y Torres gastó hasta la extenuación sus energías en perseguir a Pirlo y buscar huecos que no aparecieron. Entonces Del Bosque aportó otra nueva cara a los chavales para sus discusiones del colegio. Javi Martínez, el hombre para todo, se colocó en la delantera y el juego español mejoró lo suficiente como para que cualquiera se fijara en ese muchacho que había sido campeón de Europa con el Bayern de Múnich.

Para la final, el partido que suelen recordar durante años los chicos con más emociones y detalles místicos que realidades, el elegido fue Torres. Con el ?9? a la espalda y en la posición más definitiva, el ?Niño? se presentó contra una de las selecciones con un nombre más amenazador: Brasil. Pero también se enfrentó a la defensa más enconada, con la escuela de Scolari, que ordena rascar los tobillos del contrario cuando recibe de espaldas. Ahí se acabó la magia, porque ninguno de los delanteros centro españoles se animó. En cambio, Fred igualó a Torres como máximo goleador del torneo y Neymar ofreció su imagen a esos niños que buscan ídolos y tendrán un recuerdo brasileño de este verano.