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“La vulnerabilidad de una persona a las mordeduras de serpiente representa una conexión de contextos ecológicos y debilidades de salud pública”, afirma el doctor David Pigott en declaraciones recogidas por `ABC´. “Entender dónde viven las serpientes venenosas y la proximidad de las personas a los tratamientos efectivos son los dos pasos más importantes para reducir las muertes”.

Según Piggot, uno de los autores de este estudio, entre los países que pueden estar afectados se encuentran Etiopía, Nigeria o Sudán del Sur.