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Han Zicheng, un ciudadano chino de 85 años, no quería morir en soledad.

“Un anciano solitario de unos 80 años. De cuerpo fuerte. Puede comprar, cocinar y cuidar de sí mismo. No padece enfermedades crónicas. Me retiré de un instituto de investigación científica en Tianjin, con una pensión mensual de 6.000 RMB ($ 950) al mes”, escribió Zicheng en una nota que colgó en la parada de un autobús. “No voy a ir a un asilo de ancianos. Mi esperanza es que una persona o familia de buen corazón me adopte, me alimente hasta la vejez y entierre mi cuerpo cuando muera”. sentenciaba la nota.

Una mujer vio a Zicheng realizando la misma acción, esta vez, colocando la nota en el escaparate de una tienda. Lo fotografió y subió la imagen a su página de Facebook, acompañándola con el siguiente mensaje: “Espero que la gente afectuosa pueda ayudar”.

'Pear Video' se hizo eco de la noticia y tras difundirla, el teléfono del anciano comenzó a sonar, y no ha dejado de hacerlo durante los últimos tres meses. Han comparó su difícil situación con una planta marchita. Las personas mayores son “como flores y árboles”, dijo. “Si no somos regadas, no podemos crecer”.

Pero las llamadas que Han recibía  no le convencían. Seguía sin encontrar un nuevo hogar donde pasar sus últimos días. 

Durante el mes de febrero, Zicheng comenzó a llamar Beijing Love Delivery Hotline, un especie de línea de la esperanza, cuyos trabajadores escuchaban, un par de veces a la semana, la historia del anciano.

Según 'The Washington Post', las llamadas finalizaron al llegar el mes de marzo. El anciano también mantenía contacto con Jiang Jing, un estudiante de derecho, que se preocupó por la historia de Han, y con el que charló por última vez el día 13 marzo. Al día siguiente, el estudiante tenían una llamada perdida del anciano. La siguiente vez que llamó a Han,, una voz extraña le informaba de su  fallecimiento.

Al parecer, la voz pertenecía a un hijo de Zicheng y le dijo que el anciano había fallecido el día 17 de marzo.