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El cementerio, ubicado en Vila Nova Cachoerinha, zona norte de Sao Paulo, alberga animales en descomposición y 21.000 sepulcros y tumbas. Pero en su interior, también hay, al menos, cinco chabolas construidas donde viven más de 50 personas.

El “baño” se sitúa en el espacio entre los osarios, dos paredones donde se depositan los huesos que son retirados de las fosas. Allí, junto a los deshechos humanos, hay vómitos, ropa, restos de comida y escombros.

En este lugar viven hombres, mujeres o ancianos. Los niños son los únicos vetados en el lugar, debido al aspecto insalubre y al consumo de drogas.

La BBC Brasil realizó este reportaje que duró dos días y recorrieron cada rincón del cementerio.

Testimonios de personas como Lúcio o Igor (nombres ficticios con el fin de proteger su anonimato), relatan lo que les ha llevado a vivir allí:

“Sin trabajo no conseguía pagar la renta y me fui a vivir con mi madre a Vila Nova Cachoeirinha (el mismo barrio del cementerio). Pero me impuso muchas reglas y no salió bien. Acabé viviendo en la calle, me convertí en vendedor ambulante y llegué aquí hace cinco meses“, cuenta con lágrimas en los ojos.

Igor, de 41 años, lleva los últimos 12 viviendo aquí. Es uno de los más antiguos. Es adicto al crack. Fue detenido por tráfico de drogas, corrupción de menores y le deportaron de vuelta a Brasil en 1997. Su familia no quiere saber nada de él.

Reconoce que en momentos de desesperación llegó a robar para consumir “estoy enganchado a lo químico en general. He consumido thinner, cristal de Estados Unidos, hachís, opio y mucha cocaína”.

La presencia de plagas de ratas y cucarachas, es algo normal allí. Por la noche, los insectos son muy abundantes. En época de lluvias, tienen que dormir dentro de las tumbas, debido a que los sofás donde suelen dormir se mojan.

A pesar de que los funcionarios retiran las chabolas, siempre aparecen otras nuevas.

“Nunca nadie del gobierno apareció para ayudarnos, solo vienen para tirar abajo nuestras viviendas. La Pastoral (una ONG) nos visita una vez al año para saber si estamos vivos pero la Policía Militar solo viene a 'saludarnos'”, relata un hombre que prefirió no ser identificado.