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Un fósil de una criatura marina extinta de hace 530 millones de años contiene lo que podría ser el ojo más antiguo jamás descubierto y con una forma temprana que se asemeja a la de muchos animales de la actualidad, como cangrejos, abejas y libélulas.

Así se recoge en un estudio elaborado por investigadores de Alemania, Estonia y Reino Unido, y publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Los científicos describen este hallazgo al examinar el fósil bien conservado de una especie de trilobite, que era un ancestro de arañas y cangrejos que vivió en aguas costeras durante el Paleozoico, hace entre 541 y 251 millones de años.

Encontraron que los restos de la criatura antigua tenía una forma primitiva de ojo compuesto, un órgano óptico que consiste en una serie de diminutas células visuales llamadas omatidios (capaces de distinguir la presencia y la falta de luz, y ocasionalmente diferenciar colores), similares a las de las abejas de hoy en día. Por ello, indican que los ojos compuestos han cambiado poco en más de 500 millones de años.

El ojo derecho el fósil, que fue desenterrado en Estonia, estaba parcialmente desgastado, lo que dio a los investigadores una visión clara del interior del órgano y reveló detalles de la estructura y la función del ojo, y cómo éste difiere de los ojos compuestos modernos.

La especie tenía una visión pobre en comparación con muchos animales hoy en día, pero podría identificar depredadores y obstáculos en su camino, dicen los investigadores.

Su ojo consiste en aproximadamente 100 ommatidios, que se encuentran relativamente separados en comparación con los ojos compuestos contemporáneos.

A diferencia de los ojos compuestos modernos, el ojo del fósil no tiene una lente. Esto es probable porque la especie primitiva, llamada 'Schmidtiellus reetae', carecía de partes del caparazón necesarias para la formación de lentes.

El equipo también revela que sólo unos pocos millones de años después se desarrollaron ojos compuestos mejorados con mayor resolución en otra especie de trilobite de la actual región báltica.

“Este fósil excepcional nos muestra cómo los animales primitivos vieron el mundo a su alrededor cientos de millones de años atrás. De manera destacada, también revela que la estructura y función de los ojos compuestos apenas cambió en medio billón de años”, explica Euan Clarkson, de la Facultad de Geociencias de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido).