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No dejes que la realidad estropeé una buena noticia” Estas palabras fueron pronunciadas por uno de los magnates de la prensa estadounidense y padre del amarillismo, William Randolph Hearst.

El amarillismo puede definirse como la tendencia que tienen algunos medios informativos de presentar las noticias destacando sus aspectos más llamativos aunque éstos sean secundarios, para provocar asombro o escándalo, con la intención de vender más ejemplares. En otras palabras, “dar carnaza al pueblo”.

Este fin de semana, en una playa de Mallorca, ha sido avistado un escualo nadando, de forma muy tranquila, cerca de la costa, a escasos metros de los bañistas que a esa hora abarrotaban la orilla.

Afortunadamente, todo quedó en un susto y ningún veraneante tuvo que ser atendido por profesional médico.

El tratamiento que la prensa británica ha hecho del suceso es digno de análisis y estudio.

Dos de las principales cabeceras anglosajonas, 'The Sun' y el 'Daily Mirror', se han hecho eco de la noticia y  han ilustrado sus cabeceras con lo que parece haber sido la mayor tragedia marítima acaecida durante los últimos años. “Las aguas de Mallorca más peligrosas de lo que deberían“, “Turistas británicos en pánico por tiburón“, titulan respectivamente. Nada más lejos de la realidad.

Un periodista debe ser responsable de la información que comunica. Su tarea consiste en informar, formar y entretener. Por ese orden. 

Un profesional de la información no puede ampararse en el derecho de libertad de expresión para publicar todo aquello que le viene en gana. Debe atender a los hechos y tratarlos de la forma más objetiva posible.