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Vamos a intentar dejar al margen la ideología aunque suena difícil si hablamos de las elecciones y empezamos nombrando a los electores y su intención de voto. Vamos a acercarnos a la figura de un candidato, al margen de sus propuestas. ¡Terrible ejercicio! Los votantes de centro y centro derecha, los españoles moderados que apuestan por la continuidad de las principales políticas aprobadas en en España en materia de economía, fiscalidad y la organización territorial -con algunos matices, por supuesto-, deciden estos días su voto entre dos candidatos -o tres, según quién opine-: el actual presidente Mariano Rajoy; el líder de Ciudadanos, Albert Rivera; y si cabe, ampliando el margen sensiblemente a la izquierda, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.Sn profundizar demasiado, lo más sorprendente es el resultado de algunas encuestas que llegan a poner en la carrera real por la Presidencia del Gobierno a Rivera, un candidato que fue aupado a la secretaría general de un partido nuevo, fraguado hace menos de 10 años y cuando él tenía 27 añitos, recién salido de la nada. Sí, aquella foto desnudo de un abogado, un joven empleado de La Caixa que provenía de una familia trabajadora del cinturón inmigrante de Barcelona fue un bautismo poco halagüeño, pero… La trayectoria ascendente de Rivera y Ciudadanos, primero en Cataluña, y desde hace poco más de cuatro años, en el resto del país, ha sido constante haciendo de la defensa de la unidad de España, la reforma institucional y la moderación política y económica el blasón de su bandera.  Según Eupropio Padula, especialista en coaching político, hablar de Rivera “es hablar de un animal político. Un candidato que, al margen de ideologías, es casi perfecto. Además de la imagen, que cuenta mucho, Rivera demuestra una gran empatía con los electores. Él cree que puede ser presidente del Gobierno y la gente ya le ve como un ganador posible. Ese es su poder”.Dicen los estudiosos de las campañas electorales y del márketing político que no se votan programas económicos o reformas fiscales. Que no se eligen políticas exteriores o reformas constitucionales. Tampoco enormes afinidades ideológicas. En materia de voto se elige por descarte. Y sobre todo, se votan candidatos como se elige coche: se escogen aquellos que nos hacen soñar. Ahora bien, ¿qué factores de un candidato atractivo y seductor lo permiten? No son pocos los españoles que identifican a Rivera con los primeros tiempos de Adolfo Suárez, un ganador a partir de 1976… aunque lo fuera durante poco tiempo. La política  tiene un componente de seducción y conquista. Los políticos con más peso han sido siempre grandes seductores con un enorme encanto personal. Según Padula, que nos ayuda a 'diseccionar' a quien señala como un “supercandidato”, “comparar a Rivera son Suárez, a quien conocí personalmente, puede ser aún exagerado. Hay una diferencia fundamental entre ambos: Suárez era consistencia política y moral. Y Rivera, a menudo, parece querer contentar a todo el mundo”. Sea como fuere, según una reciente encuesta, Rivera es el único candidato aprobado por los electores de todos los partidos.  Estas son sus armas:¿Y qué le vamos a hacer si Rivera es guapo?Dice una leyenda electoral que Adolfo Suárez ganó las elecciones de 1976 porque arrasó entre las mujeres que acudieron a votar. Pero eso es faltar a la verdad parcialmente. Claro que ganó entre las féminas, pero lo que no se dice es que los hombres imitaron sus corte de pelo a navaja y algunos de sus gestos más acusados. El primer presidente de la democracia moderna en España tenía algo que no tenía Manuel Fraga Iribarne: era un hombre guapo, cuando menos atractivo. Y además llegaba, sorprendentemente, libre de cargas políticas pese a haber sido Jefe del Movimiento y reconocido falangista. Tenía las cosas claras, era joven y demostró una valentía y determinación a prueba de bombas.Rivera comparte ciertos valores. Y sí, resulta atractivo, pero no cargante. El  votante castiga a los candidatos impostados. De ahí la importancia de trabajar la telegenia, aparecer casual, fresco e improvisado.

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