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La prisión noruega de Bastoy, situada cerca de Oslo, la capital del país, es probablemente la más peculiar del mundo. ¿Por qué? El centro penitenciario se encuentra en una isla de reducidas dimensiones donde las típicas vallas y verjas no existen para evitar la posible fuga de los reclusos.

La vida del preso en Bastoy es completamente diferente a la que tiene uno convencional en otra parte del mundo. Actividades en bicicleta, caballo, paseos en piragua, esquiar… ¡Un sinfín de opciones para divertirse en el tiempo libre!

Pero… ¿Y no se fugan? En los últimos diez años no se había dado ningún caso de escape de la prisión pero la pasada semana uno de ellos decidió escapar. Pese a que existe un grupo de guardias para controlar la isla- entre cinco y siete miembros de seguridad- un recluso logró evitar el control de estos y gracias a una tabla de surf guardada en un almacén, consiguió recorrer los tres kilómetros que separan a la isla de la costa noruega.

La Policía encontró al día siguiente la tabla de surf y varias láminas de madera las cuales utilizó para apoyarse.

Según explican los medios locales, el preso que ha huido de la cárcel no se considera peligroso, pese a haber sido condenado por violación y tráfico de drogas (¡menos mal!).

La dirección de Bastoy asegura que este tipo de casos es “aislado” y que tienen un “gran número de peticiones para entrar en esa cárcel”. “Tenemos una amplísima lista de espera”, se congratula el director. ¡Como para no tenerla!