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Has llegado a la adolescencia, a la madurez o simplemente te has independizado y tienes por delante el difícil reto de aprender a hacer huevos fritos. Seguro que ya lo has intentado alguna que otra vez y te has quemado con el aceite, se te ha roto la yema, se ha tostado demasiado la clara o nunca te quedan con ese punto tan sutil que solo consiguen tu madre y tu abuela. Porque hay que asumirlo, a tu padre no le quedan tan bien, así que seguro que le viene bien leer los siguientes trucos.

Lo primero que debes hacer, de forma totalmente obligatoria, es reunir los elementos necesarios para la realización del huevo frito perfecto. Así que consigue aceite, huevos, harina, una botellita de plástico vacía, una cebolla grande y una sartén antiadherente. Ya estarás pensando que te sobran ingredientes, pero no, todos son indispensables, insisto, si quieres superar con nota ésta difícil prueba que la vida nos pone por delante.

Al grano, entonces. Lo más importante de los huevos fritos es que salgan con ese punto sutil que decíamos al principio. Sí, el que hace que tenga puntilla (los bordes de la clara algo morenitos) y la yema se cocine pero quede líquida para poder mojar el pan, ya sabes.

Así que por pasos. Abre un huevo y vuélcalo en un plato pequeño, coge la botella de plástico y presiónala levemente por la parte de en medio. Ahora acerca la punta a la yema y suelta la parte sobre la que hacías presión. La botella tiende a recuperar su forma natural, absorbiendo el aire del exterior, lo que hará un efecto ventosa que chupará la yema y la dirigirá a su interior. Con delicadeza, para que no se rompa, pon la botella recta y resérvala para después.

Coge la sartén antiadherente, echa un chorro de aceite y una pizca de harina para que no comience a saltar cuando echemos el huevo, truco muy importante para evitar quemaduras no deseadas. Ya con el aceite a temperatura adecuada, agrega la clara y déjala cocinar hasta que veas que empiezan a tostarse los bordes.

Ahora llega uno de los pasos más importantes, volcar la yema sobre la clara. Coloca la punta de la botella sobre ella, busca un pliegue o curva que evite que la parte central del huevo se deslice hacia el aceite y déjala caer con suavidad, sin apretar la botella, con la gravedad basta. Al estar protegida por la clara cocinada, la yema no se coagulará, y solo tendrás que echar un poco de aceite caliente sobre ella hasta que se forme una especie de telita blanca. Entonces es la hora de coger la espumadera y sacar nuestro huevo frito perfecto de la sartén.

¿Para qué necesitábamos la cebolla entonces? Si eres tan perfeccionista que quieres cocinar unos huevos fritos totalmente redondos, solo tienes que cocinar la clara usando uno de los aros centrales de la cebolla grande como molde. Retira la parte que sobra con un cuchillo y ¡listo!