Compartir

1Una posible respuesta flexible a ese interrogante es que sí daríamos alguna de esas meriendas a nues

Una posible respuesta flexible a ese interrogante es que sí daríamos alguna de esas meriendas a nuestros hijos, pero no a diario. Más bien, en contadas ocasiones especiales.  Y no hablamos solo de bollería industrial, sino de bocadillos y meriendas que dejaron de verse a partir de mediados de los años 90 del pasado siglo. ¿Ejemplos? Seguramente haga mucho tiempo que no ves a un niño a la salida del cole comiéndose un bocata de mantequilla con azúcar.La mayoría de padres que crecimos en los 80 recordamos con cariño los días de nuestra infancia, pero también reconocemos que algunas costumbres no tenían por qué ser mejores en aquel pasado. La cuestión alimenticia ocupa un lugar destacado en aquellas contraindicaciones que identificamos en la sociedad que nos vio crecer.  Y es que el consumidor español ha madurado mucho y se ha hecho más exigente. Quiere saber que composición tienen los productos que consume en casa, y si son buenos o regulares para los suyos. ¿El bolso? Por supuesto que se mira, pero en muchísimas ocasiones, antes como ahora. Y lo barato es mejor que lo caro.1.- El bocata de mantequilla con azúcar y los bigotes marcados y relamidos: Era un clásico. En algunos casos, probablemente los viernes o aquellos días en que teníamos una actividad extraescolar deportiva, nuestra madre nos alegraba la salida del aula con un bocadillo dulce y rico, aunque sí, hipercalórico. Si la mantequilla o la margarina ya pueden ser un producto 'pesado', en casa lo 'enriquecían' con azúcar, para que no te llevase el aire. Su sabor era muy dulce y tenía una textura que muchos de nosotros aún recordamos.En otros casos, era la merienda que te llevaba la abuela los días en que ella iba a buscarte. Y siempre con el mismo latiguillo final: “Y cómelo todo que estás creciendo”. La parte mala de aquel bocadillo es que todos aquellos despitados, como yo, terminábamos embadurnados de mantequilla

Atrás