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Smiley se ha convertido en uno de los perros más queridos (sino el que más) de toda Canadá. Pese a ello, hace 12 años, su vida no era tan privilegiada. Nació ciego y con enanismo e incluso vivió durante un tiempo en una fábrica abandonada.

Para su fortuna, apareció su dueña actual, Joanne George, que le llevó a su casa y decidió adoptarlo. Intentó ayudar a Smiley, ayudar a recuperar parte de la vista pero fue imposible. Le cerraron los párpados para que no sufriera fuertes dolores que padecía desde años.

Fue en ese momento cuando George decidió que podía ayudar a niños pequeños que estuvieran enfermos y sufrieran minusvalía o cualquier tipo de discapacidad. Desde que comenzó su trabajo, Smiley ha tratado a un gran número de jóvenes que han salido muy contentos con su ayuda. ¡Es todo un perro de terapia!

Y no sólo ayuda a los niños. Su dueña también recuerda que Smiley fue el único capaz de hacer expresarse a un anciano que no podía hablar ni gesticular. No habló pero puso una gran sonrisa. De ahí, su nombre: Smiley.