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1Son los sitios de tu recreo, como decía la canción de Antonio Vega. Fueron lugares de encuentro, sím

Son los sitios de tu recreo, como decía la canción de Antonio Vega. Fueron lugares de encuentro, símbolos para varias generaciones, centros de vanguardia musical nacional y en algunos casos hitos del diseño. Nos referimos a las discotecas madrileñas que se convirtieron en míticas, y que con el transcurrir de los años, han cambiado o se han ido. De viernes a domingo, aquí perdiste mucho el tiempo, bebiste más de la cuenta, perdiste la cartera y alguna cosa más que aprendiste a que te robaran. Y cuando creías que lo que te hurtaron fue el corazón, te enfadabas, discutías y te veías en algunas broncas. Allí pasaste muchos despertares, llegaste a experiencias que en mayor o en menor medida te marcaron para  un futuro que hoy es presente y acumulaste tantas mentiras tragadas como embustes cupieron en tu boca. El caso es que allí, por momentos, fuiste feliz.1.- Joy Eslava: En la calle Arenal, 11. Gente guapa, a ratos muchos 'pijos', parte del dandismo más típico de los restos que dejaron los ochenta, aunque solo a ratos. Todo aguantable y divertido. Con encanto… Así lo recuerdo yo. Y es que hay que reconocer que esta sala fue sinónimo siempre de buenos conciertos. Podías -y por supuesto, aún puedes- llegar para escuchar una gran variedad de cantantes nacionales e internacionales en pleno centro de Madrid. Su arquitectura interior te da ese aire nostálgico de un viejo teatro, aunque casi nunca te fijabas en aquello. Al menos, al principio. Bastante tenías con disimular todas tus torpezas. Fue después, cumplidos bien los 20 y en alguna cita 'delicatessen' cuando te diste cuenta de que el espacio interior tenía esa aire caduco de teatro pasado y de provincias. El caso es que muchos de los mejores ratos fueron allí. ¿Qué tendrías, 16 años cuando estuviste por primera vez? Tanto y tanto habías oído hablar que fuiste con ese aire de pardillo que aún se hacía más evidente cuando intentabas por todos los medios que no se notara que eras nuevo o nueva en esa plaza. Tenía la desventaja de que no había muchos bares de viejo en los alrededores. Entonces optabas por beber tus brebajes en algún banco cercano. Por accidente, casi siempre tocaba en la Plaza de las Descalzas. Al menos en primavera y verano. Si no, tocaba ir caliente desde el barrio. Casi mejor y más barato.

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