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El jueves 9 de octubre, en un refugio en Cabo Lookout National Seashore, en la costa de Carolina del Norte, un grupo de personas fueron testigo del frenesí de los tiburones a la hora de su comida. Habían salido a pescar algo para la cena cuando se se tropezaron con más de 100 tiburones que atacaban a un gran banco de sardinas que había llegado muy cerca de la cosat, casi a la orilla. Las gaviotas, los pelícanos y los escualos competían ferozmente por su alimentación y tal punto llegó el nerviosismo del grupo de jóvenes tiburones blancos, que algunos de estos ejemplares se llegaron a desorientar completamente.

Como resultado, algunos de estos tiburones quedaron varados en la orilla sin posibilidad de regresar a las aguas profundas del océano y se hizo necesario avisar a los servicios de conservación de la naturaleza para que, con la colaboración de sus técnicos especializados pudieran ayudar a los tiburones a regresar a alta mar.