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La cueva Mamet, ubicada dentro del Parque Natural de Velebit, es una sima de 206 metros de profundidad con forma de embudo invertido, con una boca de entrada estrecha con 60 metros de diámetro. Para enfrentarse a estas condiciones, Trifonov tuvo que diseñar un globo más pequeño de lo habitual, que cupiera por la abertura de la cueva. Además, en lugar de cesta, el globo portaba un armazón de acero que servía de arnés donde iba sentado el piloto y donde se alojaron los cilindros de gas para la propulsión del aparato.

En total, el piloto empleó 25 minutos, desde que despegó desde la superficie, entró en la caverna, tocó el suelo de la misma y volvió a salir. En el fondo de la cueva, Trifonov depositó una escultura del pez de San Pedro, símbolo del Patronato de Turismo de Pula (Istria), la ciudad que ha patrocinado el proyecto.

El piloto reconoció que la maniobra fue “muy complicada” al tener que llevar “el globo derecho, con un timing preciso y un apoyo adecuado”, por lo que ve “difícil” que pueda repetirse de nuevo.

Con éste, ya son varios los récords alcanzados por el austriaco, todos ellos a bordo de un globo, en travesías en este medio sobre el Polo Sur, el Polo Norte y el Mar Mediterráneo.