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¿Cuántas veces has escuchado la frase?: “lo que tienes que hacer es afeitarte cada dos o tres días para que te crezca más barba” o “ni se te ocurra pasarte la cuchilla por el pecho o te saldrán más fuertes las raíces”, frases que nos han acompañado toda vida, desde la pubertad hasta nuestros días y que podrían pasar a la historia según los últimos estudios realizados.

Este mito que ha ido pasando de generación en generación tiene sus días contados. Amy McMichael, directora del departamento de dermatología de la 'Wake Forest Baptist Health' ha comentado en un artículo publicado recientemente en la revista 'Scientific American': “que no existe ninguna base científica que respalde este mito“, como por ejemplo que si un chaval se afeita su bigote le crecerá mucho más fuerte y rápido. Sin embargo para la doctora McMichael esto se debe a una falta de observación y hay muchos factores ajenos a esta creencia que pueden provocarlo como: la sincronización de las fluctuaciones hormonales naturales en el cuerpo humano que se desarrolla con el tiempo hasta alcanzar la edad adulta, el pelo crece en distintos momentos y a diferentes velocidades para todo el mundo según la genética de cada individuo.

La raíz del pelo es más ancha y fuerte que su prolongación, el pelo no tiene el mismo diámetro en todas sus partes, un motivo que puede llevar a confundir al ojo humano porque en un primer momento solo apreciaremos la parte más próxima a la raíz, y que con el tiempo al exponerse a factores medioambientales como el aire o el sol pueden variar no solo su anchura sino también su color, transmutándolo a un color mucho más claro.

LOS ESTUDIOS SE VIENEN REALIZANDO DÉCADAS

La ciencia lleva estudiando este fenómeno desde hace un siglo, no es la primera ni la última vez que la ciencia ayuda a esclarecer mitos que se han ido encasillando en nuestra sociedad. En 1928 se realizó un estudio en el que cuatro hombres se afeitaron solo un lado de sus rostros – siempre afeitándose en dirección hacia abajo, usando la misma marca de jabón, maquinillas y agua a la misma temperatura-, pero tras analizar y comparar más de 100 pelos se llegó a la conclusión de que no existía ninguna evidencia que pruebe que afeitarse acelerara la tasa de crecimiento de la barba.

En un estudio más reciente, cinco jóvenes de raza blanca se ofrecieron voluntarios para afeitarse una pierna semanalmente durante varios meses, dejando la otra pierna sin afeitar para poder realizar una comparación exhaustiva. Los resultados de la prueba fueron publicados en 1970 y no se encontraron diferencias significativas en la anchura del pelo, tosquedad o tasa de crecimiento. Melanie Grossman, un dermatólogo de Nueva York afirma que si este mito fuera cierto “las mujeres que se afeitan sus piernas con frecuencia deberían tener un vello parecido al de los gorilas, mucho más grueso y oscuro, además nunca tendríamos que preocuparnos por la pérdida de cabello en nuestras cabezas de ser cierto“.

NO TODOS LOS CASOS SON IGUALES

Existen otros factores genéticos , hormonales y medioambientales que pueden influir en este desarrollo: “Si nos afeitamos constantemente, la piel puede llegar a crear una estructura áspera como un callo y estimular el engrosamiento del crecimiento de cabello“, esto sucede porque la piel se hace más gruesa y genera que los nervios y el pelo se vuelvan más gruesos también, pero “no es lo común” resalta McMichael.