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Como muchos jóvenes españoles expertos e ingenieros informáticos estarán maldiciendo su suerte en estos momentos, conviene decir que es falso que la situación de estos jóvenes 'ayudantes' -así les llaman muchas empresas tecnológicas- de Twitter se puede extrapolar a la mayoría de las grandes corporaciones de EE.UU, dentro y fuera de Silicon Valley. Ni mucho menos. Tranquilos. Más bien es un caso aislado. ¡Pero es que los trabajadores en prácticas de Twitter ganan más de cinco veces el salario mínimo en Estados Unidos, esos 4.400 euros/mes!

Según han calculado desde el portal económico Bloomberg, es habitual que en Silicon Valley las organizaciones tecnológicas -LinkedIn, Facebook, Microsoft, Google, eBay, etc.- paguen grandes cantidades de dinero por la colaboración de becarios y ayudantes para atraer a los jóvenes más brillantes, algo que no pasa en España.

ODIOSAS COMPARACIONES

En nuestro país, el sueldo del becario en demasiadas ocasiones es como las 'meigas' y, en todos los casos, una temática controvertida. Nos encontramos en la lista de los países de la Unión Europea que peor paga el periodo de prácticas. Tanto es así, que el 70% de los becarios españoles afirma no poder sufragar los gastos básicos -comida o alquiler de la vivienda- con la remuneración percibida. Esta mano de obra está disponible a precio variable, según el tipo de contrato al que nos refiramos. Así, no es lo mismo un contrato en prácticas que las prácticas universitarias. En este último caso, la remuneración es de unos 350 euros. Si hablamos de un contrato en prácticas, el salario el primer año es un 40% inferior al que disfruta un trabajador en el mismo puesto. En el segundo año de prácticas ese 'sueldo' será del 25% de un trabajador de plantilla. En resumen, estamos a una distancia sideral de esos afortunados 'tekis' californianos.

EL FANTASMA DEL PARO

Desde hace algunos lustros, en nuestro país y bajo el nombre de becarios se camuflan en ocasiones trabajadores en toda regla de casi cualquier sector , pero con 'salarios' mucho más que asequibles para las empresas que un empleado convencional, ya que éstas se ahorran los costes derivados de un puesto de trabajo y además obtienen beneficios fiscales. La cuadratura del círculo. En cualquier caso, veremos cómo esa figura ya no está rodeada de un vacío normativo.

Las prácticas son fundamentales para cualquier titulado español, el problema es que en muchos casos esa etapa de formación se vuelve indefinida. “O lo que es lo mismo, en nuestro país hemos creado una figura laboral única de nuestra 'fauna laboral': el becario eterno, que encadena contrato tras contrato en prácticas, pero que jamás será contratado”, asegura el abogado y especialista en materia laboral Óscar Vos. Algo que va íntimamente ligado a un mercado laboral diezmado, tasas en algunas comunidades cercanas al 50% del paro juvenil y la involuntaria necesidad de aceptar “lo que sea” de cualquier joven que pretenda trabajar algún día.

“Lo más difícil de erradicar es que lo normal es que las empresas españolas no sean inspeccionadas”, asegura Vos. Quizá por ello la Comisión Europea advirtió a a nuestro país en 2012 de que esto no podía  continuar así: Un informe europeo asegura que buena parte de los becarios españoles realizan prácticas sin convenio, o sea, sin contrato de estudiante en prácticas. Son acuerdos entre empresas y universidades donde se fijan las condiciones laborales de los estudiantes. Y Europa nos culpaba de falta de control.  

Pero volvamos a los afortunados becarios de las tecnológicas de EE.UU. Twitter invierte 59.567 euros por por joven para evitar que los talentos emergentes se vayan de la empresa. Incluso si su tarea consiste en llevarles café a los empleados seniors, estos muchachos consiguen más dinero que si lo estuviesen haciendo en establecimientos especializados como Starbucks.

Y eso que Twitter no es la compañía que mejor retribuye las actividades de sus aprendices. La posición de líder la ocupa Palantir, una firma dedicada a las operaciones de inteligencia y el análisis de datos. El promedio en Silicon Valley es de 6.000 dólares -4.412 euros- al mes para cada ayudante. En cambio, la cifra que ingresan como media los trabajadores norteamericanos (en todos los sectores) se sitúa alrededor de los 4.280 dólares (3.148 euros). Pero cambiemos parcialmente de tema, por no herir susceptibilidades.

                

Es verdad que una opinión muy extendida asegura que es mejor ser becario en España que no ser nada. Es decir poseer un título y no haber trabajado nunca gracias a esa formación. Pero las situaciones en nuestro país inducen a pensar que en algunos casos puede haber alguien que esté pagando por aprender… O poco menos. Y todo ello pese a que a partir del pasado día 10 de marzo, guiados por las sospecha a la que nos referíamos anteriormente, la UE aprobó un 'Marco de Calidad para las Prácticas Profesionales' que obliga a que las empresas hagan contratos de prácticas para sus becarios, con vistas a evitar abusos. 

Esta recomendación para crear un marco de calidad para las prácticas profesionales fue aprobada por todos los Estados miembros a excepción de Reino Unido, según fuente comunitarias. ¿Truco? Los países que la hayan apoyado tampoco estarán obligados a aplicarla, puesto que no se trata de una directiva, sino de una norma con menor 'peso legal'. El caso es que de acuerdo con este medida, las prácticas profesionales deberán tener un contenido formativo y estar regidas por un contrato firmado previamente por quien las proporciona y quien las recibe, en el que se especifiquen las condiciones del programa.

En España, con arreglo a la ley y según la abogada Mayka Jiménez, “no es lo mismo la tan traída y llevada figura del becario que el trabajador en prácticas y poca gente sabe que la retribución en ningún caso el salario podrá ser inferior al salario mínimo interprofesional, unos 740 euros”. La cuestión es: ¿Lo cumplen muchos trabajadores en prácticas? ¿Van aparejadas estas prácticas a un compromiso de contratación como trabajador de plantilla? Desde UGT, se aboga porque “todos los programas que conjugan formación y ocupación laboral en las empresas deberían ir acompañados de ciertos compromisos de contratación”. Y en la misma línea, habría que revisar las jornadas que se ofertan, para ver si realmente ofrecen posibilidades de formación, advierten.