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La cara que se le quedó al turista que fotografió a esta criatura debió de ser un poema… Tan impresionado estaba que mandó sus fotografías a varios medios de comunicación, que no sabían a ciencia cierta si se traba de una broma.

Al final, la explicación resultó mucho más sencilla: era un actor que participaba en un rodaje y se había caracterizado para la ocasión. ¿Os imagináis el susto?