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Este hombre sin hogar no vive preocupado de lo publican los medios de comunicación si no de tener un lugar en el que protegerse de las inclemencias meteorológicas adversas. 

Por ello ha decidido enterrarse con ceniza para mantenerse caliente. Como dice el refrán 'Ándeme yo caliente, ríase la gente”. Eso es lo que debe pensar Ludvik Dolezal. Pero todo ello tiene una explicación: este hombre se niega a bañarse debido a un trastorno psicológico que le hace pensar en una vida relacionada con el fuego y la ceniza.

Él quiso la vida que lleva ahora. Se dio cuenta que no le gustaba la vida que llevaba y decidió dejar su trabajo y trasladarse a una granja abandonada a las afueras de las grandes ciudades de la República Checa.

“La gente me ayuda, me traen llantas y objetos para quemar”, dice Dolezal.

Un hábito que le está creando problemas respiratorios. Vivir rodeado de humo y los 20 cigarrillos al día porque dice que “así respira mejor”.

Una historia un tanto extraña, ¿no os parece?