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Hay que ponerse en situación, claro. Imagina que estás en una noche oscura en un tramo de calle poco transitado e iluminado. En la marquesina del autobús en la que esperas, un cartel publicitario de una película de Chucky, el muñeco diabólico. Y de repente, la luz empieza a hacerse más tenue. Un estruendo te envuelve en cristales, la marquesina ha estallado en mil pedazos, y de su interior, surge…