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La sinestesia es una facultad que poseen ciertas personas que consiste en “percibir sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos de otra modalidad distinta”. Se trata de una comunicación anómala entre áreas cerebrales. Es decir, es una condición por la que los sentidos “se cruzan”. No es una enfermedad. Estas personas son capaces de ver la música, oler los colores o sentir los olores. Todavía no está claro a qué se debe la sinestesia. Lo que está claro es que para estas personas la sinestesia es algo de lo que no les gustaría ser privados.

Alicia Callejas forma parte del grupo de investigación de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada, donde desarrollan una línea de investigación para estudiar profundamente esta interesante facultad. Alicia nos lo explica con un ejemplo: “Hay personas que, al escuchar palabras, (modalidad auditiva) también experimentan un color concreto (modalidad visual), o al percibir un sabor (modalidad gustativa) experimentan una forma (modalidad visual o táctil)”.

A día de hoy, no se ha profundizado mucho en el estudio de la sinestesia. “Parece que puede tener un componente genético ya que es mucho más común encontrar personas con sinestesia dentro de la misma familia que en la población general” apunta Alicia.

Se desconoce el total de personas que podrían ser sinestésicos ya que la mayoría no lo sabe. Muchos no se dan cuenta que son diferentes y cuando lo hacen están ya en etapas adultas, incluso en la vejez. Hasta el momento se calcula que entre un 2 y 4% de la población posee esta facultad. Alicia Callejas explica que “es posible que el porcentaje de personas con algún tipo de sinestesia siga creciendo conforme se vayan haciendo más estudios científicos y cuando la gente pierda el miedo a admitir que posee esa peculiaridad”.

Marina Manzano es de Barcelona, tiene 34 años y es sinestésica. Su madre y abuela también lo son, y en casa la gran discusión es el color del martes. A los 25 años fue cuando le puso nombre a su 'don'. Nos explica que cuando escucha música “ve” formas y colores que se van superponiendo, y cuando ve colores fluorescentes o las luces rojas o verdes de láseres “oye” un sonido como el de rascar las uñas con la pizarra y se le eriza la piel. Marina sonríe cuando piensa en el jueves porque le cae genial y cuando pinta con acuarelas porque “son suaves, como de algodón”.

Hay muchos tipos de sinestesia, la más común es la grafema-color. Alicia Callejas explica que hay muchos otros como son la sinestesia música-color, sonidos-color, espacio-tiempo, dolor-color, sabor-forma. También apunta que hay otros menos comunes como orgasmo-color u orgasmo-forma.

¿Afecta ver la vida de otro color?

“A veces molesta un poco, sobretodo con esta moda de colores fluorescentes que es tan ruidosa”. Marina pide que vuelva el color pastel y cuenta que de pequeña la comida se la trituraban para que fuera de color beige como el arroz, sémola, pasta, patata o pollo. Aun así, ha tenido que desarrollar recursos para que no interfiera en su día a día.

A la hora de estudiar, prefiere letras negras o grises. “Hago esquemas a lápiz sobre papel blanco porque del mismo libro me cuesta al haber colores y negritas. Si puedo ver mis colores sobre el gris memorizo muy rápido y en el examen puedo buscar en mi cabeza la respuesta según el color“.

Debido al gran desconocimiento entre la población y a los escasos estudios elaborados, es habitual que a esta minoría se le tache de raros, discapacitados, incluso de esquizofrénicos. “Me entristecía ver que cuando compartía mis colores con alguien a veces creían que me lo inventaba y la sensación era horrible“.

Hay que recordar que la sinestesia no es una enfermedad y que aquellos que la poseen se sienten especiales y no lo cambiarían por nada del mundo.