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No ha sido por pegar a un compañero de clase ni por robarle el bocadillo en el recreo, aunque de comida va el asunto. El pobre niño estaba tan feliz comiéndose una pequeña bolsa de snacks cuando de repente los profesores del centro le echaron la bronca no al niño… sino que cogieron el teléfono y avisaron a los padres del error que habían cometido.

Y es que los padres de todos los alumnos del colegio Colnbrook recibían una circular que pedía la colaboración de los padres para mejorar la alimentación de los niños ingleses. Concretamente, se exigía quitar de las aulas el chocolate, los refrescos con gas y todas las 'guarrerías' que tanto gustan a los más pequeños.

La madre se mostró en rebeldía, ya que consideraba que su hijo no necesita perder peso sino más bien todo lo contrario. “No entiendo porque tienen que decidir que le tengo que dar de comer a mi hijo. No hay más que verle para saber que necesita engordar”, señalaba la madre de Riley Pearson, el protagonista de esta noticia.

El pack de merienda que llevan los pequeños de esta edad se compone de un sándwich, un yogur y el paquete de galletitas saladas, ahora en el 'ojo del huracán'. Los profesores han asegurado que el niño había “roto las reglas de la escuela” y por lo tanto, la “expulsión había sido bien merecido”. Ver para creer…