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La historia de Wang es la de quien aprende y saca provecho de sus errores. Siempre
se dedicó a los negocios de importación y venta. De hecho es propietario de ocho típicos comercios orientales en la provincia de Valencia.Y ahora ha dado la vuelta a la
realidad como un calcetín: A los hombres
de negocio chinos siempre se les acusó de no respetar las patentes y de
copiar todo lo copiable
. Y él aprendió hace cinco años, en bolsillo
propio, que las patentes están para algo: un empresario español le impidió
vender en España 100 contenedores de patinetes de dos ruedas que había
importado. La razón es que ese empresario español los tenía registrados. Ahora sabe que quien registra la patente controla
el mercado.
Y quiere aprovecharlo.

Puede que sea la historia del más avispado propietario de 'Todo a 100'. Pero solo hacía falta observar la realidad. El cigarrillo electrónico está
conquistando un número creciente de adeptos en todo el mundo. Las ventas
despegaron en los últimos años, abriendo un mercado global de más de 1.500
millones de euros, según Euromonitor,
empresa de análisis económico. Casi
nada. Y en Europa, más cerca, ese
consumo genera 500 millones de euros
de facturación gracias a los cinco millones de 'vapeadores' -que así se llama esto de fumar vapor en teoría inocuo para la salud- del continente. En España su numero ya sobrepasa los 200.000

Para hacernos una idea de la importancia del negocio de Wang debemos pensar que cada mes se multiplica por dos el número de tiendas de algunas marcas dedicadas a este negocio.

NEGOCIO FLORECIENTE: ESTALLA LA 'CONTIENDA'

La
moda llegó a España hace tiempo  y causa
furor como placebo o como supuesto remedio para dejar de fumar cigarrillos de
tabaco auténtico, sin renunciar al placer de inhalar humo. Por eso, los
estanqueros pusieron el grito en el cielo. Ellos querían vender también estos
artilugios. Y el Gobierno lo aprobó hace unas semanas. Y es que los cigarrillos electrónicos no tienen los
mismos gravámenes fiscales que los de tabaco (y sus labores)
. Todo son ventajas para Wang. “Mi intención ha sido, ante todo, ordenar cierto caos en
este sector y defender a los profesionales”, ha dicho siempre.

El industrial, eso sí, se encontró con la oposición de
muchos establecimientos a los que envió el consabido burofax para pedirles que dejaran de verderlos o de lo contrario les exigiría 100.000 euros de indemnización a cada uno. Y dice que seguirá registrando patentes,
hasta tener en breve más de 200
.

Pero
claro, algunas franquicias de venta de cigarrillos electrónicos, que
aglutinan cerca de medio centenar de
tiendas, plantaron una guerra judicial al empresario 
Yi Hu Wang Ji
para despojarle de los derechos de exclusividad adquiridos con el registro del
diseño industrial de 137 cigarrillos y sus accesorios. ¿Lo consiguieron?

Alejandro Rodríguez, socio de la franquicia Happy Smoky, fue uno de los primeros empresarios que recibió en sus establecimientos el burofax que le advertía de que estaba infringiendo la Ley de Patentes española por comercializar sin compensación determinados 'vapeadores'. Fue también uno de los industriales que pleitearon y discutieron ese derecho a Wang. Pero hace una semana se convenció que había perdido la guerra: “No hay nada que hacer, es la ley. Hay que ser razonable y hemos entendido que hay que cumplir. No se puede tener bloqueado un mercado. Por eso hemos pactado con el dueño de la patente”.

Junto a otros empresarios creó la Asociación Española de Empresarios de Cigarrillos Electrónicos (Aeece), inscrita en el registro del Ministerio del Interior este mismo lunes y que representa a unos 58 franquiciados. Rodríguez admite que la entrada en escena de Wang Ji y su exclusividad han obligado a “acelerar los trámites para poner en marcha la asociación, algo que ya se estaba fraguando pero que habría ido más despacio de no presentarse el problema”. Al final, consiguieron un acuerdo aceptable para todas las partes: Las franquicias pagarían 800 euros al año, por cada tienda asociada, a Wang Ji, que saborea los primeros frutos de su nuevo estatus de millonario y esa victoria parcial.

La firma de ese acuerdo y el contrato con un grupo de franquiciadores y
tiendas de toda España al llegar a un acuerdo económico para ceder
temporalmente los derechos de comercialización de esos cigarrillos electrónicos
con la primera asociación del sector
, creada y presidida por un valenciano
que representa a 58 franquiciados de toda España y a la que ya han solicitado
adherirse 25 marcas distribuidoras. Con esa firma, Wang Ji da luz verde a que
una parte, aún minoritaria, de vendedores de cigarrillos electrónicos lo hagan
a partir de este momento sin vulnerar su derecho exclusivo.

Por supuesto hay quien se lleva las manos a la cabeza. Son los incrédulos que desconfían de que este avispado comerciante chino no quiera sacar mucho más rendimiento a sus patentes. “Mi cliente es muy razonable y ha preferido un acuerdo regular que un desacuerdo. Por eso el precio acordado es bajo. No queremos provocar un cese de la actividad”, asegura Vicente Quilis, el abogado que protege los intereses del señor Wang. 

También hay otras empresas y franquicias que se siguen negando a pagar la patente. Sobre esta cuestión, el abogado de Wang asegura que “el último paso, el indeseable, que es acudir a la vía penal, lo estamos considerando. La Ley es la Ley. O se cumple o se cambia”. Puede que queden emociones fuertes y malos humos que disipar en una guerra en la que aún no se ha producido la última batalla. 

¿Se fumará la pipa de la paz?