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Kimberly Walker, una soldado estadounidense, fue asesinada hace unos meses en un hotel de Colorado.

Su familia quiso que su lápida, en el Cementerio Spring Grove de Cincinnati, fuera una reproducción de su personaje favorito: nada más y nada menos que Bob Esponja.

Pidieron permiso a las autoridades del camposanto y éstas se lo dieron con lo que hace pocos días instalaron allí una simpática figura de Bob Esponja vestido de militar de algo más de dos metros.

En realidad colocaron dos, una para la fallecida Kimberly y otra para Kara (su hermana gemela) que aún está viva.

Un día después de que se colocaran las lápidas, el cementerio las retiró, lo que ha provocado la irritación de la familia, según publica por ejemplo el New York Daily News.

A pesar de que en un principio se les dio permiso, los responsables del camposanto han decidido que “no son apropiadas” y que el empleado que las aprobó tuvo un error de criterio.

Ahora deberán reunirse con los familiares para encontrar una solución.

El cementerio está dispuesto a pagarle a la familia lo que costaron las lápidas (unos 30.000 euros) e incluso pagar también las nuevas pero lo que quieren es una lápida más tradicional y discreta, que tenga un parecido más disimulado con el bueno de Bob Esponja.

Veremos cómo acaba el asunto.