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Agricultura, medio ambiente, lucha contra el fuego, protección civil, ordenación territorial, en vez de misiones de espionaje y asesinato selectivo. Así son los 'drones' españoles que se fabrican en la provincia de Barcelona. Y es que son muchísimas las aplicaciones que pueden tener los aviones no tripulados que fabrica la empresa Catuav, un ejemplo de transferencia de conocimientos y experiencias entre la ciencia, la industria militar y, en último término, las empresa civil

Esta factoría de pequeños ingenios, similares a los que utiliza el ejército norteamericano en Pakistán o Afganistán en su 'guerra contra el terrorismo', se ha especializado en la observación de la superficie terrestre para hacer acopio de datos que nos ayuden a combatir el fuego, ayudar en el rescate de víctimas y heridos tras un terremoto o analizar las mejores posibilidades de cultivo. ¿Como? Con la multitud de cámaras, sorftware y aplicaciones que se les puede incorporar.

Catuav es la única empresa del sur de Europa especializada en la utilización científica de pequeños ingenios voladores no tripulados. Y ya ha participado en trabajos de evaluación de daños en terremotos, como ocurrió tras la tragedia de Lorca en mayo de 2011.

“Es una larga historia, pero modesta. La aventura comenzó en 2.000 cuando surgió el encargo de desarrollar un pequeño avión no tripulado”, dice Jordi Salvador, ingeniero de Catuav. “Entonces Indra fue el primer cliente y nació el Atmos 1, nuestro primer prototipo”. Según Salvador, el equipo de Catuav es multidisciplinar y el producto que hacen es muy “vendible” porque sus 'drones' son plataformas válidas para volar en casi cualquier circunstancia y al que se le puede acoplar cualquier tipo de dispositivo. “Trabajamos con cámaras térmicas, infrarrojas, con aplicaciones derivadas del Google Earth y, sobretodo, podemos aceptar encargos a muy corto plazo, casi en tiempo real, con un mínimo tiempo de respuesta”.

O sea que en Catuav no tienen por qué esperar unas determinadas condiciones climatológicas. Vuelan muy alto o, al revés, casi a nivel del suelo -“a diferencia de los satélites”, dicen en esta fábrica- para recoger datos e imágenes de todo tipo, “a diferencia de los satélites”, dicen en Catuav. Tampoco necesitan un plan de vuelo, apunta Salvador, “como en la aviación civil convencional”. Este ingeniero explica, orgulloso, que la situación extrema, en el campo de la protección civil, en la que pueden actuar más rápidamente es en la lucha contra incendios: “Ahí nuestros servicios cobran una importancia vital para conocer, por ejemplo, los frentes activos del mismo, poblaciones que corren peligro o lecturas del viento en los lugares más peligrosos”.

“Nosotros no vendemos tecnología, solo los datos requeridos y las imágenes aéreas de interés científico o técnico que necesita el cliente, eso sí, operadas casi en tiempo real y en las más diversas condiciones”, dice Salvador.

Esta empresa ya ha ampliado su cartera de clientes fuera de nuestras fronteras, principalmente en el sur de la UE, en países como Portugal o Francia

La flota de Catuav está formada actualmente por seis plataformas, cuatro aviones y dos helicópteros más sus equipos de control desde tierra. Su próximo reto es la construcción de un edificio que acogerá sus instalaciones y las de otras compañías relacionadas con su actividad y el sector de los aviones no tripulados. ¿Su nombre? Centre Tecnologic Catuav, y ya tiene el visto nuevo de la administración.