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Desde las últimas filas se podía apreciar cómo el público asentía concentrado y en el más absoluto silencio. Eso sí, de vez en cuando se escapaban algunos sollozos tímidos, pues es imposible no emocionarse con un discurso tan contundente, bien dirigido, muy bien declamado y deliciosamente acompañado por unas piezas musicales que llegan al alma.

Personalmente, lo que más me hizo disfrutar fue la interpretación. Fue un auténtico gozo contemplar a dos mujeres exhibiendo tanto talento. Cristina es fuerte y valiente, capaz de mostrar todo su poder y, al mismo tiempo, su lado más dulce. Iris es una actriz poliédrica, desenvuelta y cautivadora, con gran capacidad para emocionar al espectador, para trascender con sus palabras. Sin duda le espera un gran futuro sobre los escenarios.
Complementando estas dos grandes figuras, encontramos la brillante interpretación de Alfonso, un juez sereno, cabal, que trata de aportar el equilibrio necesario entre las dos fuerzas antagónicas.

Me gustaría señalar que, desde mi experiencia como docente, considero que El juicio de las mariposas es una obra muy adecuada para un público adolescente, pues justo en esas edades, los chicos y chicas están descubriendo y conformando su propia identidad y desarrollando su espíritu crítico. Los alegatos expuestos les resultarían, sin duda, muy enriquecedores. En mi opinión, me parecería muy acertado promocionar esta obra por los centros educativos y animarlos a acudir a las futuras representaciones.