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VALENCIA, 10 (EUROPA PRESS)

El arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares, considera que “Dios es el único asunto central y definitivo para el hombre y para la sociedad” y “el silencio, olvido o abandono de Dios es, sin duda, el acontecimiento más decisivo y la indigencia más dramática de nuestro tiempo”, sin que haya “nada que se le pueda comparar en radicalidad y en lo vasto de sus consecuencias”.

Así lo sostiene en su carta pastoral, titulada 'Año nuevo, hora de Dios, tiempo de oración', en la que advierte de que el hombre “puede excluir a Dios del ámbito de su vida, pero esto no ocurre sin gravísimas consecuencias para el hombre mismo y para su dignidad como persona, para asumir valores morales que son base y fundamento de la convivencia humana, para todas las esferas de la vida”.

A su entender, “una sociedad sin fe es una sociedad más pobre y angosta” y “un hombre sin Dios se priva de aquella realidad última que fundamenta su dignidad, y de aquel amor primigenio e infinito que es raíz de su libertad”.

Antonio Cañizares comienza la carta señalado que el año comienza con la mirada de los creyentes dirigiéndose a Dios y pidiéndole auxilio “ante los problemas de paz en el mundo, tan rota y amenazada en tantos sitios”. “¡Qué terrible lo que está aconteciendo en Irak, en Siria… en tantos lugares! ¡Qué cruel el exterminio sistemático, exilio y persecución de cristianos en tantos lugares ante la pasividad, de hecho, de otros países o fuerzas internacionales!”, recalca el purpurado.

Asimismo, critica “las esclavitudes de siempre todavía vigentes en diversos países y las nuevas esclavitudes de la época moderna” y resalta la necesidad de que “se consolide de manera definitiva la paz en Oriente Medio, se realice la reconciliación, y se establezca lo que es tan necesario y justo”.

El purpurado desea en su carta “que el año de gracia que hemos comenzado sea un año en el que los fieles cristianos de Valencia, cualquiera que sea nuestro estado y lugar en la Iglesia, avivemos nuestra vida de oración”. “Pocas veces mejor que pensar en la oración, como al comienzo de un año nuevo, en el que se nos abren tantas expectativas, se agolpan tantas necesidades, se ponen ante nosotros tantas inquietudes, sufrimientos, gozos y esperanzas, y nos vemos como impulsados a levantar nuestros ojos a Dios en súplica esperanzada o en alabanza agradecida”, agrega.

En este sentido, considera que “ni la renovación y fortalecimiento de la Iglesia, ni la renovación y edificación de nuestro mundo serán posibles si no oramos”. A su juicio, “el olvido de la oración es olvido de Dios; y el olvido de Dios es olvido del hombre: sin la oración ya podemos esforzarnos, que no pescaremos nada”.

De este modo, continúa el cardenal: “todos debemos orar para no sucumbir ante tanta tentación como nos acecha, para permanecer en vela y despiertos, para estar en forma y llevar a cabo la obra de evangelización que es nuestra dicha y nuestra identidad más profunda como miembros de la Iglesia”.

“Son tiempos recios los que vivimos, y sin la oración no tenemos nada que hacer; seremos como metal que aturde pero sin capacidad para aportar nada verdaderamente valioso”, concluye el prelado.