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Max Streicher ha logrado un imposible: esculpir el aire. En sus figuras, construidas como enormes globos hinchables, el aire respira como si fuera uno más de los materiales escultóricos. Un material capaz de insuflar movimiento. De alguna forma también ligereza. Vida.

Este canadiense, representado en España por la galería Ponce+Robles, visita España con ocasión de la celebración de ARCO y se da a conocer en el centro mismo de Madrid con una intervención en la fachada del hotel Radisson Blu, en la calle Moratín, cerca de la intersección con Huertas y cerca también de los principales museos de la capital.

Titulada 'La Batalla de Cannas', la obra se inspira directamente en el Guernica de Picasso y sorprende al viandante con un enorme toro y dos caballos que cabalgan desde la fachada hacia el exterior. Tras contemplarla, Qué.es tiene la oportunidad de dirigirse directamente al artista y preguntarle sobre el Guernica, el aire, esta escultura y, en general, los vericuetos del arte. Su arte. Max Streicher se detiene a pensar cada respuesta como si el reloj no existiera. Escoge las palabras, duda, se apasiona, rectifica. Lo mismo (casi) que si estuviera esculpiendo.

¿Cuándo comenzó a pensar en esta obra?

Llevo años, es una obra que nace pensando en España y en Madrid, en este barrio… pero quizá lo planeamos hace un año, cuando decidimos hacerlo para ARCO.

¿Qué encontraba interesante de Picasso y del Guernica?

La forma de las figuras en Picasso es muy escultural. Hay una gran monumentalidad, y eso funciona muy bien en los hinchables con los que yo trabajo. No podría hacer a Giacometti, no se pueden hacer cosas demasiado pequeñas o delgadas, no funcionan, no hay volumen para el aire. Así que hay un interés práctico… El Guernica, además, está en la historia de las pinturas y las esculturas que conmemoran tragedias o momentos revolucionarios, batallas, guerras…

Usted parece muy interesado en sus trabajos en los mitos y los símbolos. ¿Cree que el Guernica se ha convertido ya en uno de ellos?

Creo que hay algo muy poderoso en el Guernica, su composición, la manera en la que interactúan las figuras. Me gusta ese tipo de drama.

Hablando de dramas, afortunadamente la guerra parece un fantasma lejano para España y los países del sur de Europa. Sin embargo, estamos inmersos en una profunda y severa crisis económica. ¿Cómo puede ayudar el arte en estas situaciones?

(Risas) No estoy seguro de que ayude… Quizás sea un poco como el circo romano… aunque esto que he dicho es muy cínico… (Se toma un tiempo largo). Creo que a pesar de las dificultades económicas, de las divisiones políticas y todo eso, la esperanza es una cultura que se mueve, que se desarrolla y nos lleva a alguna otra parte… En realidad, soy optimista sobre el rol del arte, creo que su función es similar a la de la espiritualidad o a la religión en su mejor versión, una manera de visualizar el futuro, de darnos un contexto para movernos adelante y convertirnos en más tolerantes, más profundos y considerados. Creo que nos ayuda a soñar. A soñar a lo grande.

Sin embargo mucha gente se queja de no entender el arte moderno…

Creo que mi trabajo es bastante accesible. Incluso los niños lo entienden, tiene una presencia física. Es cierto que también hay una parte más oscura… y los niños a menudo también lo captan. Encuentran formas de decir lo que tiene de espantoso.

Muchas de sus obras son cuerpos enormes que, sin embargo flotan, como globos. Hay cierta contradicción entre su gran tamaño y su vulnerabilidad… ¿era eso lo que buscaba?

La parte vulnerable es realmente la más importante. Son cuerpos tan delgados, tan frágiles, podrían desaparecer… La gente parece entender esto también… es como la vida, podría desaparecer sin más. Es importante también la idea de la respiración, si se desenchufa, si se pierde el aire, desaparece, cae a tierra.

Algunos de esos cuerpos, en lugar de estar volando, los ha hecho salir de cajas. Algo un poco terrorífico… ¿qué quería decir?

Pensaba en la tecnología y en cómo nuestros cuerpos de trabajadores podían ser controlados. Al tener un modelo podía hacer cientos de cuerpos, podía llenar el mundo del mismo tipo de cuerpos. Estaba jugando con la idea de la fábrica, el trabajo, y nuestro cuerpo controlado por el trabajo.

Y cuando interviene en espacios públicos, como es el caso de esta plaza, ¿qué es lo que le interesa?

Al principio me daba miedo, me intimidaba. Solía trabajar en mi estudio, en un ambiente callado y tranquilo. Es arriesgado poner tu trabajo fuera, algo podría no funcionar… o simplemente no gustar a la gente. Pero… yo no puedo pensar en cosas pequeñas, no me salen esculturas pequeñas, por eso me viene bien una plaza… Al mismo tiempo no puedo trabajar con algo que no pueda levantar, por eso para mí es genial trabajar con los hinchables, los puedo hasta empaquetar yo mismo. (Risas)

¿Hay algún lugar en especial donde le gustaría hacer una intervención?

¡Sí! Pienso a menudo en el Turbine Hall, en la Tate Modern de Londres. Ese enorme lugar… Pero hay otros que incluso me gustarían más. Por ejemplo, tengo un trabajo sobre unas nubes que me encantarían en la Iglesia de San Stae, en Venecia. Ése es mi sueño.