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Elia es una joven de 16 años que sufre un accidente de tráfico y pasa varios días en coma. Al despertar se encuentra con la desagradable sorpresa de que no recuerda nada de los tres días anteriores al accidente. Eso sí, sus padres le han regalado un 'smartphone' con el que por fin puede chatear por 'Heartbits' (un programa similar a WhatsApp).

De las angustias de Elia solo sabremos a través de las conversiones online que mantiene con su mejor amiga, sus padres, y un misterioso personaje que solo habla con citas de películas… “Francesc y yo teníamos ganas de colaborar en un proyecto que fuera a cuatro manos. Nos reunimos en Barcelona y se nos ocurrió esta idea. Pensamos en una historia que tuviera amor misterio y elementos positivos, e hicimos una escaleta”, explica Javier Ruescas, uno de los autores.

Aunque en un primer momento pensaron en utilizar el propio WhatsApp para la escritura, aquello resultó una locura y terminaron repartiéndose los capítulos de modo que cada uno escribía el que tenía asignado y, a continuación, se lo revisaba el compañero.

Pese a lo que pueda parecer. Escribir una novela con mensajes no es fácil. De hecho, Ruescas, que a sus 25 años ya tiene publicadas una trilogía y varios relatos, asegura que para él ha sido uno de los proyectos más complejos que ha abordado nunca. “No puedes apoyarte en la narración en ningún momento. Y hay que sugerir sentimientos que no se pueden describir”, explica. ¿Cómo han logrado esto?

NADA ES CASUAL

A diferencia de WhatsApp, Heartbits ofrece al final del día unas estadísticas que sugieren mucho sobre la actitud de los personajes o su estado emocional: el tiempo de conexión, los amigos contactados y las pulsaciones que se han realizado. “Si en un capítulo un personaje solo escribe 'sí', pero vemos que ha escrito decenas de caracteres, está claro que ha estado escribiendo y borrando antes de decidirse a enviar el mensaje”.

Tampoco son casuales las citas de Buda que encabezan cada capítulo y que funcionan a veces como oráculo, otras como guía para la reflexión.

Cuando uno escribe a través de mensajes, lo mismo que con los diálogos, es también importante reflejar el habla de cada personaje. En la novela no se emplean abreviaturas, pero sí emoticones y otros rasgos típicos del habla de los adolescentes, por ejemplo. También es importante asegurarse de que, a pesar de la ausencia de elementos narrativos, se puede seguir el hilo de la historia. Para ello Javier Ruescas y Francesc Miralles se apoyaron en la lectura, primero, de su círculo más cercano, y a continuación de la editorial, SM.

¿UN LIBRO LLAVE?

Ruescas opina que un libro como este, pensado para adolescentes a partir de 12 años, puede servir para atraer a la lectura a jóvenes que normalmente no se interesan por los libros. “Son 200 páginas y se lee en unas horas, pero al mismo tiempo tiene muchas referencias culturales”, dice.

No obstante, reniega del prejuicio de que los jóvenes en España no leen. “Yo creo que sí leen, y una barbaridad. Solo hay que ver algunos eventos donde los jóvenes hacen cola bajo la lluvia para conocer a su escritor favorito“. Ruescas se refiere también a la moda de las adaptaciones cinematográficas y recuerda que “los grupos editoriales grandes si apuestan por algo es por la literatura juvenil”.

Entre los nombres que en España son para él referencia, Ruescas cita a Laura Gallego, Rocío Carmona o el propio Francesc Miralles, coautor de 'Pulsaciones'. “La literatura juvenil tiene algunas de las mejores historias. Y punto”.