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El público podrá redescubrir a la célebre diosa alada creada hacia el año 190 a.C, en la época helenística, en junio de 2014, según adelantó el cocomisario de su restauración Ludovic Laugier, ante los primeros andamiajes que comenzaron a rodearla.

Mientras se ultiman los preparativos de la restauración, que incluye el entorno abovedado de la escalera Daru -por un presupuesto definitivo de 4 millones de euros (tres millones de dólares)- la escultura seguirá en su puesto, pero ya invisible para el visitante, incluso antes de su traslado el martes próximo a la vecina Sala de las 7 Chimeneas.

En ese amplio y luminoso exdormitorio real se restaurará la estatua de 2,75 metros de altura, construida con mármol de Paros, el más bello de la antigüedad, y allí se reunirá poco a poco, en sucesivos martes -día de cierre semanal del museo- con los 23 bloques de mármol gris azulado procedente de la isla de Rodas que constituyen su zócalo.

Son pedazos de un navío recuperados en 1875 en el Santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia, en el noreste del mar Egeo, más de una década después de que, en 1863, el vicecónsul francés Charles Champoiseau descubriese los primeros fragmentos de esa impresionante escultura y los hiciese llegar a París.

Una de las misiones de la restauración será restablecer el contraste original entre la palidez de la estatua y el mármol más oscuro de su soporte, subrayó Laugier

El cocomisario dirige la operación con Marianne Hamiaux y con su principal impulsor, el nuevo presidente y director del Louvre, Jean-Luc Martínez, quien de 2007 a 2013 dirigió el Departamento de Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas del Museo.

La restauración es de tal envergadura que, a partir de mediados de este mes, los comisarios se reunirán periódicamente con una comisión internacional de especialistas, con quienes tomarán las decisiones principales, explicó Laugier.

Entre ellas, precisó, la de suprimir, como sueñan tantos historiadores del arte, o no el zócalo de cemento añadido en el siglo XIX a los pies de la estatua, en un intento de mejorar su visibilidad, pero que le hizo perder su característica original de aterrizar directamente sobre el puente de un barco.

Nudo vital de comunicación, la escalera Daru y sus bóvedas y escalinatas adyacentes, espectacular escenografía Art Deco construida en el siglo XIX para recibir a la celebérrima Niké (Victoria en griego), permanecerán en todo momento abiertas al público.

De hecho, el elevado coste del proyecto se debe en buena medida a la necesidad de conservar en activo ese enorme eje de circulación que cada año atraviesan siete millones de personas, explicó Laugier.

El proyecto, que culminará con una exposición sobre él mismo, en junio de 2015, justo cuando todo haya terminado, cuenta con el apoyo financiero de tres grandes mecenas, de Francia, Japón y Estados Unidos, que aportan tres millones de euros (2,2 millones de dólares).

El dinero restante que el Louvre busca para restaurar, estudiar y presentar la Victoria de Samotracia y su entorno provendrá de la campaña “Tous mécènes !” (Todos mecenas), con la que por primera vez recurre a las redes sociales.

Entre otros objetivos, el Museo aspira así a mantener viva la cita anual instaurada ya con más de 10.000 donantes individuales, que en los últimos tres años participaron en alguno de sus proyectos de financiación, explicó el director de su departamento de mecenazgo, Christophe Monin.

“Nos decimos que hemos logrado tejer una relación con la gente que es nueva, y que no queremos perder; queremos guardar el contacto, continuar dialogando”, hacerles venir al Museo y por qué no llevarles a otras campañas”, resaltó.

La nueva estrategia del Louvre funciona como un “crowdfunding” tradicional, ofreciendo ciertos privilegios cada vez más atractivos cuanto más importante sea la suma donada.

Comenzó con muy buen pie, pues fue lanzada hace solo unos días y ya ha recolectado un 2 % de la suma buscada, “20.000 euros, donados por algo menos de 200 personas”, de momento todas de nacionalidad francesa, indicó Monin.