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“En los últimos veinte años Israel ha estado activamente expulsando y desplazando a los habitantes de las colinas del sur de Hebrón”, denuncia la misiva, suscrita por más de setenta autores, entre los que se encuentran el Nobel peruano Mario Vargas Llosa, el uruguayo Eduardo Galeano, el argentino Juan Gelman, el colombiano Héctor Abad y el español Javier Cercas.

La iniciativa la iniciaron en junio una veintena de destacados escritores israelíes que incluyen a Amos Oz, David Grossman y A.B. Yehoshua, y desde entonces ha sido rubricada también por otros cuatro premios Nobel literarios: el turco Orhan Pamuk, la alemana-rumana Herta Müller, el sudafricano J.M.Coetzee y el recientemente fallecido escritor irlandés Seamus Heaney.

Los autores recuerdan que las poblaciones beduinas en esa región, que “practican desde siempre un estilo de vida único: la mayoría viven en cuevas y subsisten del pastoreo de ovejas y cabras y de pequeñas cosechas”, han sufrido un “acoso incesante del Ejército israelí y los colonos” en los últimos años.

Entre otros daños, “sus viviendas han sido repetidamente demolidas, cisternas de agua han sido arruinadas y selladas y sus cosechas han sido destruidas”.

“No podemos traer la paz hoy, pero lo menos que podemos hacer es exponer y condenar pequeñas atrocidades locales. En una realidad de continua ocupación, de cinismo sólido y bajezas, cada día cada uno de nosotros tiene la obligación moral de intentar aliviar el sufrimiento, hacer algo para empujar para atrás la mano gigante y cruel de la ocupación”, dicen los escritores en su carta.

Israel ordenó en 2000 la expulsión de un millar de beduinos que viven en ocho pueblos ubicados en un área que calificó en los años ochenta como “Zona de Fuego 918”.

El Ejército israelí asegura que necesita que se vayan porque quiere el terreno para entrenar a sus tropas y considera que buscar otro lugar encarecería las maniobras y haría perder tiempo y efectividad a los soldados.

Los beduinos recurrieron a la Justicia con ayuda de varias ONG y, ayer, el Tribunal Supremo israelí ordenó al Estado que inicie un proceso de mediación con los residentes, que podría abrirse en los próximos meses.