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Ha sido en el cierre del festival Los Veranos de la Villa en el íntimo Teatro Circo Price, cuya estructura y dimensiones favorecen el tú a tú con las más de 1.500 personas que han asistido a este último show, protagonizado por un artista cuando menos singular.

Piezas tan diversas como “Golden girls” y “Carmensita”, primera y última pieza de esta noche, dan muestras desde el título de la doble cuna que late en su música, que, como en el caso de Kevin Johansen, aúna la tradición anglosajona (su padre es estadounidense) y la latina (su madre es de Venezuela, donde pasó su infancia).

A ello, Banhart (Houston, 1981) suma una personalidad que se preveía diferente desde la cuna, pues se llama Devendra en honor a un dios hindú y Obi como homenaje a un célebre personaje de “La guerra de las galaxias”.

Solo un vistazo a sus compañías dan otra pista de su excepcionalidad musical; por citar unos pocos, Beck, James Murphy, Sonic Youth, Antony and the Johnsons, Boy George y su “hermano” Rodrigo Amarante, que ha ejercido de guitarrista en su concierto, además de preparar a la audiencia como telonero con agradables sones brasileños.

Difícil definir el estilo fronterizo de las canciones de “Obi”, que ha recibido numerosas definiciones, entre ellas, la de “folk alternativo”, aunque en su última aventura discográfica destaca especialmente la introducción de la electrónica, algo que no ha trasladado a su concierto de hoy, más orgánico.

“Mala”, su octavo disco, publicado en diciembre del pasado año, era la excusa para recibirle de nuevo por estas latitudes y de él han sonado numerosos cortes como “Für Hildegard von Bingen”, el segundo tema de la noche, “Cristobal Risquez”, o “Mi negrita”, recibidas todas con el mismo júbilo.

“Cuántos primos han venido hoy”, ha dicho en broma el cantante ante la eufórica respuesta del público a su concierto, sobre todo por parte de ellas, que corrían como adolescentes hacia el lado del escenario en el que se situaba, para contonearse ante los ojos del que fuera novio de la actriz Natalie Portman.

A ese imán hormonal que ha demostrado probablemente contribuyan su toque de “tío raro”, simpático y seguro de sí mismo, conquistador cuando ataca los graves, que llena de aire, e hipnótico cuando se aferra a los agudos, como un joven Chris Isaak en “Bad girl”, con la guitarra de Amarante plañendo de fondo.

“¡Quítate la camisa!”, le han llegado a gritar a Banhart, que se hacía el loco ante tanto reclamo, cercano y distante al mismo tiempo, sumergido en sus letras de rompecorazones: “Quiero que seas libre, pero no te quiero compartir, no, no te quiero dejar marchar”…

Faltaba por llegar lo mejor, “Sea horse”. A mitad de concierto, el lamento renqueante da paso a un quejido sostenido y, de ahí, a un largo “crescendo” instrumental, una encrucijada de cuerdas que remite a una huida nocturna y rompe arriba, materializando el paso del dolor al desconsuelo y de este a la furia, a golpe de batería.

“Lover”, “Baby” y “Hatchet wound” son algunos de los cortes que han sonado después, en la segunda parte, en la que se ha mostrado más travieso y juguetón, con sus manos moviendo el aire como un director de orquesta, y su voz convertida en un maullido en temas como “Your Fine Petting Duck”.

Ya a solas, con la única compañía de su guitarra, ha sido el turno de la peticiones del público, que ha optado por su repertorio en español, véase “Brindo”, “María Lionza”, otro tema nuevo que “escribió hace un mes”, “Quédate luna” y, para terminar, de nuevo con la banda, “Carmensita”.

Javier Herrero.