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En 2017, los 1.700 agentes de la Policía Judicial inscritos en las brigadas criminal, antiterrorista, o de estupefacientes que investigan unos 10.000 casos al año, habrán abandonado ese edificio del siglo XIX situado a orillas del Sena y catalogado como monumento histórico.

Se acabó el trajín de uniformados por esos 148 famosos peldaños que remontan el edificio haussmaniano de piedra situado en la Île de la Cité, esos pasillos en los que el humo de los cigarrillos se mezclaba con los pasos de los reos que enfilaban los interrogatorios, esos armarios donde se guardaban las pruebas que servían para defender el caso ante el juez.

“El '36' ya no se corresponde con las normas de seguridad. Sin ascensor, con una sola escalera, con cables informáticos por todas partes… Modernizar el edificio habría sido demasiado caro”, explicaba a la prensa al hacerse pública esa decisión el máximo responsable de la policía parisina, Christian Flaesch, sucesor de Célestin Hennion, quien hace un siglo inauguró esa central policial.

Su destino será la nueva Ciudad Judicial de París, junto al que será el nuevo Palacio de Justicia, un moderno edificio de ocho alturas y 30.000 metros cuadrados equipado con las última tecnología en seguridad y situado en el XVII distrito de París que jubilará al todavía epicentro de la investigación policial francesa.

La mudanza, sin embargo, trastocará el referente de buena parte de la literatura y el cine negro francés que, como en la cinta “Quai des Orfevrès”, que dirigió Henri-Georges Clouzot en 1947, habían convertido ese lugar en templo de las intrigas criminales galas.

Y es que por allí han pasado muchos de los grandes criminales de la historia reciente de Francia, como la prostituta y parricida Violette Nozière de los años treinta, el guillotinado asesino en serie Doctor Petiot de los años cuarenta, los criminales hermanos Zemmour de los años setenta o de numerosos activistas de bandas terroristas como muchos miembros de la organización ETA.

Pero sin duda, el nombre más célebre que jamás ha pisado ese edificio, con permiso de actores como Gérard Depardieu, Jean Dujardin o Daniel Auteuil, es Jules Maigret, un personaje de ficción.

Se trata del investigador que creó el escritor belga Georges Simenon, inspirándose en los comisarios Marcel Guillaume y Georges Massu, y al que dio vida en 75 relatos policiales y 28 novelas negras, en una docena de películas y en varias series de televisión y de dibujos animados.

Maigret, un hombre corpulento y ataviado siempre con un sombrero, irónico fumador de pipa y reflexivo comisario que ha acompañado a varias generaciones de lectores, desentrañaba sus casos en el número 36 del Quai des Orfèvres, del mismo modo que el 221 de Baker Street quedará siempre asociado al detective inglés Sherlock Holmes.

Pero la relación de ese lugar con la literatura negra es inseparable hasta el punto que en 1946 se creó el premio literario del Quai des Orfèvres, que cada año recompensa a la mejor novela policíaca inédita a través del fallo de un jurado compuesto por periodistas, jueces y policías.

El galardón, que incluye la publicación de una tirada de 50.000 ejemplares en la editorial Fayard, ha recaído, entre otros, sobre P.J. Lambert, Gérard Delteil, Michèle Ressi, Julien Vartet, Pierre Magnan o el expolicía Roger Le Taillanter.

Quienes quieran conocer en detalle los casos que allí se han resuelto en el último siglo pueden leer “100 años de Policía Judicial”, obra que Martine Monteil publicó en 2007 en la editorial Michel Lafont, o sumergirse en las numerosas películas que transitan por la sede de la Policía Judicial. La última, estrenada en 2009, es “Distrito 13: Ultimatum”, dirigida por Patrick Alessandrin y escrita y producida por Luc Besson.

El servicio de correos de Francia también se ha sumado al siglo de investigación e intriga y a partir del próximo mes de septiembre pondrá en circulación 1,5 millones de sellos de 0,65 céntimos de euros con una ilustración nocturna del “36” concebida por el dibujante de cómic Jacques Loustal.