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García Gascón, premio Cirilo Rodríguez en 2011 por su labor como corresponsal extranjero en Jerusalén, donde vive desde 1991, analiza en su nuevo libro “La cárcel identitaria” (Libros del K.O.) el auge del integrismo nacionalista y religioso en la región en los últimos años, lo que, a su juicio, imposibilita la existencia de una democracia plena tanto en el mundo árabe como en el judío.

“Donde hay un fundamentalismo o un nacionalismo exagerados no hay democracia, y esto se puede aplicar a los países árabes pero también a Israel, donde existen muchos ejemplos que muestran que la democracia es sólo para los judíos y más específicamente para los laicos, cada vez más minoritarios en el país”, aseguró en una entrevista con Efe con motivo de la publicación de su ensayo, su segundo sobre la región tras “Israel en la encrucijada”.

El decano de los periodistas españoles en Jerusalén -respetado y querido por toda la “tribu” de corresponsales por su conocimiento de la zona, su bonhomía y su proverbial hospitalidad con el recién llegado- constata el imparable aumento de la religiosidad en Israel, al igual que en los países árabes, al tiempo que un progresivo aislamiento del sionismo, que ve “no sólo en su vecino, sino en el mundo entero a su enemigo”.

“El sionismo ha ido encerrándose en sí mismo, lo que ha hecho que vea cada vez más al islam e incluso a occidente como su enemigo, es una tendencia que se ha agudizado en los últimos veinte años y que, de momento, ha conducido a un alejamiento de las sociedades occidental y judía”, sostiene.

En su opinión, la “exigencia identitaria” tanto por parte del judaísmo, en su vertiente religiosa y nacionalista, como del islam, en su versión fundamentalista, puede convertirse en una “cárcel” en el sentido que Jean Paul Sartre definió como “el encierro en las estructuras identitarias”.

Esto le lleva a considerar que en los países árabes en los que existe un riesgo real de fundamentalismo, como en el caso de Egipto, es “preferible el gobierno de un dictador secular que la alternativa de un gobierno totalitario de corte religioso”.

“Creo que la imposición de la democracia es negativa porque acaba recortando las libertades de la gente, la vía de estos países quizás debería ser la de una especie de despotismo ilustrado que permita generar un caldo de cultivo en el que puedan surgir movimientos liberales”, afirma.

El periodista considera que en Siria, desde que comenzó la rebelión contra Bachar el Asad, “lo que se ha perdido es mucho más de lo que se ha ganado”, mientras que en Egipto, tras el reciente golpe de Estado, la clave estará en la reacción de los islamistas a medio plazo.

Aunque estima que la llamada primavera árabe surgió espontáneamente, destaca que no hubiera triunfado “si no hubiese tenido el apoyo de un occidente”, que tampoco “está a salvo de los fundamentalismos”.

Respecto a la anunciada reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos, García Gascón considera que la experiencia de los últimos 20 años muestra que “la negociación directa nunca da resultados”, salvo los acuerdos de Oslo de 1993, que luego “demostraron que en realidad eran una trampa”.

“Si no hay una imposición internacional no habrá solución, a Israel no le interesa, se ha estado beneficiando en los últimos veinte años del status quo, que le ha permitido continuar expandiéndose”, asevera.

En este sentido, destaca que, cuando se celebró la Conferencia de Paz de Madrid en 1991 había 50.000 colonos israelíes en Cisjordania y hoy son más de 300.000, cifra que alcanza medio millón sumando los de Jerusalén Este.

“Es una situación muy cómoda para Israel porque la comunidad internacional permanece con los brazos cruzados”, señala.

A su juicio, hay dos maneras de informar sobre el conflicto en Oriente Medio: haciéndolo sobre “lo que se dice o sobre lo que realmente se hace”.

“Si informas sobre lo que se dice estás desinformando”, asegura, ya que los políticos israelíes “dicen la verdad sólo en el diez por ciento de sus declaraciones”.

“La cárcel identitaria” es un libro concebido como un dietario de comentarios sobre la actualidad, junto a entrevistas y reflexiones en torno a la historia del islam, el judaísmo y el sionismo.

A modo de epílogo, el periodista da cuenta del cierre en 2013 del Restobar, un conocido restaurante de Jerusalén, de los pocos que abrían todavía en Sabat para acoger a los laicos y que ha acabado por sucumbir a la presión de los ultraortodoxos en la ciudad santa.

“Una ciudad muy religiosa pero poco espiritual, cada día más asfixiada por la intransigencia religiosa”, concluye.

Javier García