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En medio de una gran expectación, el canadiense ha sido capaz de concitar bajo el mismo techo a artistas de tan diverso origen y pelaje como Plácido Domingo, que aceptó la invitación personal del anfitrión, o como Leiva, el roquero ex integrante del grupo Pereza.

Gentes que probablemente nunca antes habían pisado los pasillos alfombrados de este magno edificio han cruzado por fin sus puertas para disfrutar de la curiosa propuesta con la que sus responsables quisieron dar “un toque de color” a la última cita del ciclo conocido como “Las Noches del Real”.

Como un niño al que encerraran de noche en una juguetería, Wainwright ha hecho realidad sus fantasías, permitiéndose interpretar piezas de musical, llevar al terreno orquestal algunos temas pop e imbuirse en el papel de tenor para asaltar piezas de Berlioz y Mozart, con el parapeto de la Orquesta Sinfónica de Madrid y la dirección musical de Johannes Debus.

Como uno más, el espectáculo lo ha comenzado sentado entre el público junto a su marido Jörn Weisbrodt y su hermana, la también conocida cantante Martha Wainwright, para disfrutar desde allí de algunos fragmentos de su primera ópera, “Prima Donna”, con la asistencia de las sopranos Kathryn Guthrie y Janis Kelly.

La obra, que cuenta la historia de una gran diva de la lírica que a comienzos de la década de los 70 decide retornar a los escenarios tras un largo período de retiro, generó en su estreno en Manchester tantas alabanzas como críticas.

El tema “Les feux d'artifice” (fuegos artificiales) ha cerrado los 40 minutos de “Prima Donna” con un aplauso moderado por parte del público madrileño, reconociendo así que quizás esta primera incursión en la siempre complicada arena operística le ha quedado a Wainwright un tanto escasa de pólvora.

Hay levedad, melancolía y duda, pero falta el coraje, la osadía y la extravagancia que se le supondrían a una ópera que homenajea a las divas del bel-canto, materias por otro lado que tan bien domina el propio Wainwright, como ha demostrado en la segunda parte de la velada, la más aplaudida.

Wainwright ha hecho acto de presencia sobre el escenario arropado con un mantón, una rosa en la oreja y un típico abanico español, lo que ha despertado la risa y empatía de los asistentes, que han sabido reconocer la actitud cercana y desprejuiciada del músico.

Extraídas de su repertorio pop han sonado en primer lugar “Vibrate”, “Little sister” y la bellísima “This love affair”, uno de los grandes temas de la noche, dejando con ganas de más a una concurrencia ávida de estas versiones orquestales, que no han perdido un ápice de intimidad.

“Pasé demasiado tiempo en los bares con chicos”, ha dicho después, a modo de disculpa por sus carencias técnicas, a la hora de acometer como intérprete “Les nuits d'Eté” de Hector Berlioz.

No se le reclamaba exactitud en cualquier caso, porque Wainwright tiene una voz que suple sus carencias con honestidad, sentimiento, elegancia y carisma, y porque jugaba en casa, con un público ávido de participar en el juego de su fiesta de cumpleaños, como ha quedado patente después con “Soave sia il vento” de “Cosi fan tutte”, de Mozart.

Por si fuera poco, “If I loved you” de “Carrusel”, compuesto por Rodgers & Hammerstein, les ha dado la oportunidad de disfrutar de Wainwright en el papel de actor de musicales.

Para el cierre, ha retornado al ámbito pop con “What would I ever do with a Rose” y la maravillosa “Oh, what a World”, despertando un largo aplauso entre los asistentes, puestos en pie.

“Gracias por venir a mi fiesta de cumpleaños”, ha respondido un emocionado Wainwright.