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Paz es uno de los organizadores de un encuentro internacional sobre arqueología en el que participan desde hoy y hasta el viernes científicos de Estados Unidos, Grecia, Italia y Japón para exponer los avances de sus investigaciones en Bolivia.

El arqueólogo, responsable del Laboratorio de Lítica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), organizadora del evento, declaró a Efe que Bolivia tiene tanta riqueza arqueológica como el vecino Perú, pero no ha podido ponerla en valor debido a la falta de recursos económicos estatales.

Según Paz, en Bolivia hay identificados 3.000 lugares de interés arqueológico, pero el país puede poseer al menos 30.000 yacimientos, una cifra que algunas estimaciones elevan hasta el medio millón.

“El problema son las políticas de Estado. El Estado peruano invierte más de 20 millones de dólares, los museos que construyen valen millones de dólares y consiguen 90.000 turistas, pero es el Estado el que invierte”, enfatizó el arqueólogo.

En Bolivia, en cambio, “no hay una política estatal que proteja los sitios, que dé incentivos para trabajar a mediano y largo plazo” y “no hay financiación”, pese a tener “una riqueza igual a la de Perú”, lamentó.

El mayor yacimiento arqueológico de Bolivia es Tiahuanaco, cercano a La Paz y cuna de una antigua cultura prehispánica.

Sin embargo, este yacimiento tampoco cuenta con inversiones que permitan su conservación y promoción.

Además, la crisis económica global también ha reducido los fondos que la cooperación internacional destinaba a proyectos en el país andino.

En la actualidad éstos reciben ayudas de entre 20.000 y 80.000 dólares, en los mejores casos, pero son sumas insuficientes para la magnitud de los trabajos que se aspiran a hacer, sostuvo Paz.

El abandono en el que se encuentran los yacimientos arqueológicos debido a la falta de fondos de investigación es tal que ni siquiera hay un registro de datos válidos, ni planos de los 3.000 lugares identificados.

En el foro de arqueología que comenzó este lunes en La Paz participan, entre otros, los investigadores Andrew Roddick, Christine Hastorf y Claudine Vallieres de universidades de Estados Unidos; la italiana Patrizia di Cosimo, la griega Irene Delaveris y el japonés Naoki Nakajima.