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Liddell, que en esta edición del Festival de Aviñón ha presentado las dos obras que cierran su trilogía sobre China -“Ping Pang Qiu” y “Todo el cielo sobre la tierra (El síndrome de Wendy)”-, se felicitó, en una entrevista telefónico con Efe, por la acogida “magnífica y emocionante” que han tenido en esta ciudad del sur de Francia.

“La comprensión del hecho teatral es completa, es única” allí y eso “te devuelve la belleza del teatro”, explicó antes de asegurar que “el público es el más exigente del mundo” y “esa es la presión con la que (le) gusta trabajar”.

Precisamente, ayer se organizaron unos diálogos “muy apasionados” y “muy encendidos” entre la iconoclasta autora y ese público de Aviñón, que sirvieron para profundizar en algunos de los temas que suscitan sus representaciones, como la masturbación, la maternidad o la libertad de expresión y el totalitarismo.

Liddell explicó por qué pone en evidencia en sus representaciones escénicas “el maridaje” entre “la santidad” y “la maternidad” y por qué “ver a mujeres embarazadas (le) produce cierta repulsión”:

Precisó que no se tratan de razones estéticas sino de “pulsiones muy profundas que parten de infancias masacradas”, y que consecuencia de todo eso es su “opción de no ser madre”.

Sobre la libertad de expresión, denunció los intentos de “hacer equivalencias” entre un Estado totalitario como China con las democracias occidentales.

“Uno de los puntos fuertes de nuestra democracia es la libertad de expresión” porque “vivimos una fiesta de la democracia”, argumentó antes de considerar “injusto” para las personas que están sometidas por un régimen totalitario que se diga que su situación es comparable.

A ese respecto, reiteró sus cargas contra algunos intelectuales franceses que durante la época de la Revolución Cultural de China en los años 1960 y 1970 se pronunciaron “por la defensa de un régimen criminal”.

Lo atribuyó a que en aquel momento “nuestro problema era el fascismo” y “parte de los intelectuales franceses no se dieron cuenta de la masacre” que se estaba produciendo en China y “se equivocaron”.

En cuanto al estado actual de China, hizo notar que al régimen totalitario se ha añadido en los últimos tiempos “el amor por el dinero”.

“Tienen un dios, que es el dinero, y una dictadura, que es el régimen totalitario”, sintetizó.

Liddell señaló que “todo lo que quería decir” de su relación con China cree que lo ha concluido con el cierre de la trilogía, y ahora está dándole vueltas a un texto bíblico, la “Carta de San Pablo a los corintios”.

Avanzó que va a estrenar este mes en Lisboa “una aproximación” de ese nuevo filón en el que está trabajando, después de citar el primer versículo de esa carta: “aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe”.

La dramaturga indicó que está experimentando con elementos de los espectáculos de magia, como las cajas para cortar a mujeres por la mitad.

A la pregunta de qué tienen que ver esas cajas mágicas con el texto de San Pablo, Liddell contestó que “las conexiones poéticas son indescifrables”, pero también que “sin amor (es) una mujer cortada por la mitad”.