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La propiedad fue adquirida en 1984 por la nieta de Wiiliam Randoplh Hearst cuya trayectoria inspiró la película “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941), para comenzar la cría de caballos. Nadie en el pueblo sabía quién era la señora que puso de nombre “La Caprichosa” a su nueva adquisición.

Las circunstancias de su muerte recuerdan al fallecimiento cinematográfico de su abuelo que realizó Orson Wells en su película “Ciudadano Kane”: fue encontrada muerta por una de sus sirvientas en la mañana del 16 de noviembre de 2011 al ir a despertarla, exactamente igual que el gran director retrató el hipotético fallecimiento de su abuelo en “Ciudadano Kane” en el mismo año en que nació.

Joanne (Juana o doña Juana para los vecinos) vivió 27 de sus 70 años, en Gerena rodeada de cierto halo de misterio hasta que falleció, y durante este tiempo hizo muchos amigos, dio trabajo, pagaba cada año el alumbrado de las Fiestas de Navidad e instauró un premio de 3.000 euros a la casa mejor adornada.

Doña Juana se preocupaba por sus vecinos y contrataba a la banda de música de Gerena para que tocase cada primavera en la fiesta de cumpleaños de su nieta.

El impresionante cortijo de la finca fue construido por el arquitecto Aníbal González, famoso por numerosas obras en la capital hispalense como el Pabellón Mudéjar, el Pabellón Real y el Museo Arqueológico, aunque su propietaria falleció sin sacar adelante una de sus más obsesivas ideas: la de recuperar su plaza de toros original y darle uso.

Verónica, que regenta una peluquería en el municipio, tiene incluso algunos regalos de la que fuese su clienta muchos años, como una reproducción de la fotografía “Lunch atop a skyscraper” (Almuerzo sobre un rascacielos), que Juana le regaló como premio a su trabajo.

Doña Juana, en definitiva, llegó a Gerena atraída por la posibilidad de hacer negocios con los caballos y tener intimidad al mismo tiempo, y la cercanía a Sevilla y a su aeropuerto, permitía viajar a Estados Unidos siempre que era necesario.

Tras una intensa búsqueda en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, encontró “La Caprichosa”, y sus 152 hectáreas le dieron todo lo necesario para vivir como había planeado.

Ahora, la finca ha terminado en manos de un empresario mexicano, “un hombre importante, con muchos negocios en México y España”, explican a Efe fuentes de la inmobiliaria catalana Lucas Fox, que se ha encargado de gestionar la venta que inicialmente comenzó con un precio de salida de 6,5 millones de euros, para rebajarlo posteriormente a 4,5 y terminar con los 3,9 citados.

En la finca se guardaba el habitual mutismo sobre el futuro de este cortijo, y los únicos indicios de que algo había cambiado era que algunos trabajadores sacaban sus maletas de las instalaciones en busca, previsiblemente, de otro destino laboral, aunque nadie respondía al teléfono ni al timbre de la puerta.

Por Fermín Cabanillas