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Una de las novedades de esta edición será el aumento de los días de espectáculo, un total de dieciocho, y de las salas de conciertos, con tres auditorios frente a los dos de ediciones anteriores.

La apertura del festival en el escenario principal del Auditorio Stravinsky será tarea de una leyenda de la música, el canadiense Leonard Cohen, quien ofrecerá una segunda oportunidad de verle en vivo la noche siguiente.

En otro escenario, también actuará mañana la joven británica Lianne La Havas, promesa del folk y el soul, y sobre quien hay muchas expectativas por su voz dulce, su habilidad con varios instrumentos y su talento en general.

En la tercera sala del festival estará Sixto Rodríguez, un cantante estadounidense que grabó a principios de los años setenta, pero cuyos álbumes resultaron, a pesar de su gran valor musical, un completo fracaso; sin embargo, sus canciones se convirtieron inexplicablemente en himnos del movimiento contra el “apartheid” en Sudáfrica.

Su historia fue rescatada hace algunos años a través de un documental dedicado a su vida, que recorre ahora las salas de cine de Europa y que le ha consagrado internacionalmente.

Entre los conciertos más esperados -cuyas entradas se agotaron hace ya meses- están los tres que ofrecerá Prince, artista impredecible cuyas actuaciones siempre generan gran expectativa.

Dos titanes del blues, Ben Harper y Charlie Musselwhite, se presentarán en el Stravinsky, después del lanzamiento de “Get Up!”, un álbum en el que colaboran.

La música de Brasil, tan apreciada por Claude Nobs, quien fundara este prestigioso festival hace cerca de medio siglo, estará este año nuevamente presente en Montreux con el desfile, durante una misma velada, de Gal Costa, Claudia Leitte y Tulipa Ruiz, el día 12.

También actuará el día 19 la banda Deep Purple, que fue testigo del incendio que destruyó en 1971 el Casino de Montreux -sede del festival hasta la fecha- en la actuación de Frank Zappa, cuando un espectador lanzó una bengala que provocó el fuego.

Deep Purple escribió la canción “Smoke on the water” (Humo en el agua), un hit que dio la vuelta el mundo y que cuenta el suceso, critica al “estúpido” que lanzó la bengala, y describe a “funky Claude” (sobrenombre que la canción dio a Nobs) intentando sacar a los espectadores de la sala en llamas.

Esta fiesta de la música, que empezó enfocada en el jazz, pero que hoy también es apreciada por la riqueza de su eclecticismo, concluirá con un homenaje a Nobs, quien -según concuerdan los seguidores y críticos del festival- fue el alma de esta aventura musical.

Nobs, quien murió en un accidente de montaña el pasado 10 de enero, logró de la nada, únicamente con su talento y un estilo incomparable, un festival al que traía a artistas que sucumbían a su encanto y terminaban convertidos en sus amigos.