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Según explicó, Gran Canaria posee unas características medioambientales únicas que la han hecho merecedora del reconocimiento, en un 46% de su territorio, como Reserva de la Biosfera por la UNESCO (unas 100 mil hectáreas de las cuales 65.500 son terrestres y 34.864 marinas). Los municipios incluidos, algunos en su totalidad y otros parcialmente, son Agaete, Artenara, La Aldea de San Nicolás, Mogán, San Bartolomé de Tirajana, Tejeda y Vega de San Mateo. Su relieve, con altas cotas aptas para la observación, sus cielos limpios y despejados, el escaso viento suponen una garantía para el disfrute adecuado de la visión de las estrellas y para el conocimiento científico, natural, cultural y paisajístico asociado.

En la vertiente turística, el astroturismo contribuye a enriquecer la oferta existente bajo el concepto de turismo sostenible y abre la puerta a la isla a participar, por sus condiciones naturales excepcionales, del reconocimiento que la UNESCO ha hecho del territorio de las Islas Canarias como una de las “Ventanas al Cielo” junto a Chile, Hawai y Nueva Zelanda. En este ámbito, el potencial atractivo de Gran Canaria no se circunscribe a la posibilidad de la observación del cielo en nuestros días sino la posibilidad de la observación como lo hicieron nuestros primeros habitantes a través de los conjuntos arqueo-astronómicos que posee nuestro territorio.

La Conferencia Starlight, celebrada en la Isla de La Palma en abril de 2007 bajo los auspicios de la UNESCO y otras agencias de las Naciones Unidas, aprobó la Declaración en Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas. Una Reserva Starlight es un espacio donde se establece un compromiso por la defensa de la calidad del cielo nocturno y el acceso a la luz de las estrellas. De manera explícita, la Declaración recoge como ideas fundamentales que el derecho a un cielo nocturno no contaminado que permita gozar de la contemplación del firmamento debe considerarse un derecho inalienable de la humanidad equiparable al resto de derechos ambientales, sociales y culturales; que la difusión de la astronomía y de los valores científicos y culturales asociados deberán considerarse cometidos básicos a tratar en la actividad educativa; que es imprescindible el control de la contaminación lumínica en todo territorio dado el impacto que ejerce sobre distintas especies, hábitats, ecosistemas y paisajes, promoviendo el uso racional de la iluminación artificial; que los lugares que presentan las condiciones para la contemplación del cielo, en particular aquellos más aptos para la observación con fines científicos, serán objeto de una protección especial, y que deberá fomentarse el turismo responsable y sostenible que haga del paisaje nocturno un recurso a proteger y poner en valor.