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La obra tiene una gran cantidad de realidad con la vida de algunas mujeres maduras, que no mayores. Ella no quiere dejar su casa, donde tantos recuerdos y vida ha tenido y tiene. Donde cada día puede escuchar los pajaritos que cantan en el árbol centenario que está junto a su ventana del salón.

En 75 minutos se desarrolla un dialogo entre ambos actores que entre recuerdos, risas y lloros, llegan a explosiones de bombas emocionales entre madre e hijo menor.

La Velocidad del Otoño, bajo la dirección de Magui Mira, es una obra divertida, mordaz y tremendamente conmovedora sobre la fugacidad y fragilidad de la vida.