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El Amaya está considerado el restaurante de cocina vasca más
antiguo de Barcelona. Ahora celebra sus bodas de platino recupera
ndo el bar y
ofreciendo su cocina en forma de platillo.

En la parte baja de las Ramblas el Amaya se hizo popular
durante décadas por albergar la llegada de los marines de la Navy y por las guardias que
hacían en su entorno las prostitutas que trabajaban en la zona. Las secuelas
del trabajo más antiguo
del mundo quedaron incrustadas en los mármoles del
suelo a través del rastro de los tacones de estas mujeres que acabaron por
agujerearlos.

En la finca en la que se ubica el restaurante existía un
mueblé histórico con laberintos interiores que evocaron novelistas del
prestigio de Montalbán o Marsé en sus relatos de la Barcelona de la
posguerra.

Precisamente, fue Manuel Vázquez Montalbán uno de los
intelectuales que, como ocurría con Casa Leopoldo en el Raval, hacía notar su
p
resencia en el restaurante Amaya degustando su rica cocina.

El Amaya forma parte del paisaje humano y literario de una
Barcelona que fue, que desapareció, pero que permanece en el re
cuerdo de sus
ancestros.

La capa de chapa y pintura que ha recibido el restaurante ha
revertido en la calidad del servicio. Se ha pintado todo el local, se han
resta
urado sus muebles y complementos bajo la dirección del arquitecto italiano
Euro Bellesi.

Además, se ha dotado al local con la última tecnología en
una de las salas principales mientras la sala del hogar ha recuperado la
hoguera presentándose como una estancia convertible en privada acondicionada
para cualquier reunión privada de
empresa.

También en la entrada, el Amaya ha rememorado historias
propias y ajenas siempre referidas a este paseo universal, las Ramb
las, la
calle del mundo como la describía Hemingway.

Ahora, está entrada se encuentra flanqueada por una báscula
antigua y por los reseñados mármoles con agujeros. Es la historia del b
ar y de
la ciudad.

La báscula era utilizada por los trabajadores de los inicios
para pesar el género
.

Los mármoles forman parte de una más de las intrahistorias
que recoge un local de 75 años de vida, un local de reconocida cocina, ahor
a
ampliado en formato y fiel a la calidad de sus comienzos en plena posguerra
española.