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Deville trata el nexo entre literatura y revolución a través Trotski y Lowry

Barcelona, 14 mar (EFE).- El escritor francés Patrick Deville, autor de la aclamada novela “Peste y Cólera”, se adentra en “Viva” en el tumultuoso México de la década de 1930, una novela de no ficción que aborda los paralelismos entre literatura, poesía y revolución a través vida de León Trotski y de Malcolm Lowry.

La historia entrelaza el exilio de Lev Davídovich Bronstein, “Trotski”, en casa del pintor Diego Rivera y de su esposa Frida Kahlo, con quien mantuvo un romance poco antes de que fuera asesinado a manos del español Ramón Mercader; con las vivencias de Malcolm Lowry, que empieza a escribir “Bajo el volcán” en la ciudad mexicana de Cuernavaca.

Deville, que ha presentado hoy “Viva” en una rueda de prensa en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), ha defendido que el impulsor de la revolución bolchevique junto a Lenin y el escritor británico tienen “vidas paralelas, al estilo de Plutarco”.

Lowry y Trotski nunca se conocieron pero, para Deville, están “conectados” temporalmente y geográficamente ya que llegan a México con pocas semanas de diferencia.

“En la década de los años 30, México se presenta como una isla democrática ya que tiene la inteligencia de tener las fronteras abiertas y llegan personas que huyen del estalinismo en Rusia, del fascismo en Italia, y del franquismo en España”, ha remarcado Deville.

Sus motivos para buscar refugio al otro lado del Atlántico eran muy dispares: uno, con 57 años, era un proscrito que huía de Stalin y, el otro, con 27 años, llegaba al país con su mujer para escribir y para refugiarse en el alcohol que allí, afirma Deville, “era más barato”.

“Existe también una conexión literaria entre ellos”, apunta el autor: Trotski era un revolucionario “cuyo sueño era ser escritor, que pensaba que se tiene que actuar políticamente para después actuar literariamente”, y Lowry era un escritor “que no actúa políticamente pero tiene remordimientos por ello”.

Además, en “Bajo el volcán”, que Deville ha definido como “una de las novelas imprescindibles del siglo XX”, el defensor de la revolución permanente aparece dos veces, según ha explicado, en el primer capítulo y en el último: “Trotski tiene una gran influencia sobre el Cónsul, el protagonista de la obra”, ha señalado.

Entre estos dos personajes, que son los ejes de “Vida” (Anagrama), otros “en busca de un ideal” como el escritor André Breton, la fotógrafa Tina Modotti, el poeta boxeador Arthur Cravan, el guerrillero Sandino, y los pintores ya nombrados Diego Rivera y Frida Kahlo.

A pesar de que el libro empieza en 1930, Deville hace aparecer personajes contemporáneos a quienes ha consultado en el proceso de documentación, como los escritores mexicanos Juan Villoro o Mario Bellatín: “Por ello, el libro abarca un siglo y medio en México”, ha afirmado.

La obra ha exigido “un gran trabajo de documentación”, explican los editores: para tejer el mapa de la historia de estos personajes, Deville ha consultado los archivos de Lowry en Suiza y Canadá, ha tomado el tren de Moscú a Vladivostok para ver los lugares en que tuvo sus victorias el Ejército Rojo que comandó Trotski.

“A menudo, es fascinante en los lugares no estar pendiente de la tontería del presente sino adentrarnos en la historia”, aunque “nos puede dar vértigo”, ha señalado el autor francés.

“Si hoy paseo por el puerto de Barcelona y tengo presente que hace un siglo allí embarcaron en el mismo día en el barco 'Montserrat' Arthur Cravan, después de un combate de boxeo, y Trotski, obligado por la policía, puede que veamos el puerto de Barcelona desde una nueva perspectiva”, ha ejemplificado Deville.

Por otro lado, Deville ha remarcado que “Viva” se suma al ciclo de viajes narrativos por el mundo y la historia a través de “personajes tocados por el genio o la locura”, del que también forman parte “Peste y Cólera” y “Equatoria”.

Estas obras son “independientes” pero están “conectadas” por “la complicidad del narrador”, que es de hecho, él, que, como autor, aparece en todas las novelas “como un narrador con una subjetividad asumida”. EFE

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