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La pareja que convirtió una iglesia de Manhattan en un tablao flamenco

Lara Malvesí

Nueva York, 11 dic (EFE).- Un neoyorquino y una madrileña, Martin Santagelo y Soledad Barrios, los responsables de la compañía “Noche Flamenca”, han convertido una iglesia del Upper West Side de Manhattan en un tablao flamenco donde hoy inician las funciones del espectáculo “Antígona” y hasta el 23 de enero.

La crítica neoyorquina se rindió al arte de la pareja -él dirige y ella es la bailarina principal- en sus anteriores representaciones y The New York Times dedicaba su portada en su último suplemento cultural a una pareja que según el diario “está” manteniendo viva la llama del fuego flamenco en la ciudad.

En una conversación con Efe, Santagelo y Barrios cuentan que se conocieron hace más de veinte años en la escuela Amor de Dios de Madrid, un lugar en el que ninguno de los dos cumplía con los tópicos.

Él, nacido en Nueva York, bebió del flamenco siendo un niño por casualidad ya que su madre, antigua bailarina de la compañía de danza de Marta Graham, albergaba en su casa durante el Franquismo a grandes figuras del flamenco.

Así, desde pequeño, Santagelo ya entendió que el flamenco “era una lucha por sobrevivir, un grito por los derechos humanos”, añade el director, que explica que se decidió a llevar a cabo “Antígona” en un espectáculo flamenco tras leer en 2010 sobre el caso del juez Baltasar Garzón, apartado de la judicatura.

Ella tampoco salió de las faldas de una folclórica. Nacida en Madrid, tomó sus primeras clases de flamenco con 19 años tras quedarse “fascinada” después de ver la película “Bodas de sangre”, de Carlos Saura.

Preguntada sobre si se hubiera podido imaginar bailando flamenco en Nueva York cuando era una niña en Lavapiés (Madrid), Barrios explica a Efe que siempre tuvo “mucha imaginación”.

“Cuando llegaba el circo al barrio me imaginaba yéndome con ellos a recorrer el mundo en caravana o veía al chatarrero y pensaba que me marchaba en su burro”, cuenta entre risas la bailaora, que antes estuvo en las compañías de Paco Romero y El Guito.

Pese a la fusión de música, danza y flamenco, Santagelo ha querido que “lo principal sea Antígona, contar la historia de Sófocles” pues “a menudo en los espectáculos flamencos uno sale encantado pero sin haber entendido nada”.

“La historia de Antígona para mí tiene raíces en el flamenco, que se basa no en ninguna cultura ni región, sino en la fuerza de la familia. La historia de Antígona es su humanidad y su lucha por enterrar a su hermano, sin importar las circunstancias”, señala Santangelo.

Protagonista omnipresente del espectáculo es el inusual espacio, la iglesia románica West Park Presbyterian Church, en la calle 86 con Amsterdam Avenue, al oeste de Central Park.

Santangelo explicó que conocía al pastor y le cedió el lugar, donde ahora la compañía ha tomado el espacio.

La humedad y la especial resonancia del templo son casi un espacio natural que creció escuchando las historias del bailaor Mario Amaya, que empezó bailando en cuevas para turistas en Granada.

“El flamenco es clandestino, como bajar las escaleras de la iglesia”, cuenta el director de “Noche flamenca”.

“El espectáculo adquiere una espiritualidad especial”, añade Barrios, que deja claro que no sigue ninguna religión en particular.

A propósito de si las hijas de la pareja, ya más neoyorquinas que madrileñas, seguirán con el arte paterno, la pareja se muestra escéptica.

“Mi hija a veces baila en el estudio, pero baila hip hop”, cuenta.

Aunque solo llevan poco más de dos años en Nueva York, ya llaman hogar a su casa de Washington Heighs, pues llevan años siendo “nómadas”, actuando por todo el mundo, a menudo separados por estar trabajando en distintas compañías y espectáculos, antes de juntarse por fin o, mejor, por ahora, en la Gran Manzana. EFE

lmi/agf

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