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Los políticos, la última moda en televisión

Raquel de Blas

Madrid, 11 dic (EFE).- Hasta hace poco era impensable que un candidato a la Moncloa apareciera en la tele poniendo a prueba habilidades que poco tienen que ver con la política. Algo ha cambiado, y este 2015, con unas elecciones generales como meta, es el año en que los políticos españoles han perdido el miedo a salir en televisión.

Mostrar una imagen mucho más humana, cercana, amable y divertida puede ser una forma rápida de conectar con el público y ganar votos, y de ahí que los medios de comunicación resulten imprescindibles, y los programas de entretenimiento vitales: llegan a la gente de forma masiva y a una audiencia que normalmente no consume información “seria”.

Ese interés de los políticos, que intentan seducir a los votantes bailando, cantando, escalando o montando en globo, coincide con la feroz competencia por lograr audiencias millonarias de las teles, que han descubierto la rentabilidad de la política y han aprovechado la necesidad de la gente de demandar respuestas en épocas de crisis.

A eso se une la aparición en escena de nuevos competidores -Podemos y Ciudadanos-, que se han “curtido” en televisión, conocen bien las fórmulas y pelean por hacerse con el favor del público, algo que no han pasado por alto los partidos tradicionales.

Y para contrarrestar el ascenso de los nuevos rostros, han lanzado a sus líderes al “prime time” televisivo.

Varios expertos en comunicación política consultados por Efe aducen estos motivos, entre otros, para explicar el fenómeno de la “sobreexposición” de los políticos en la tele que, definitivamente, se ha instalado en esta campaña electoral.

“Hace mucho que los políticos descubrieron la televisión”, advierte Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública, que afirma que la diferencia es que ahora “hay más sitios a los que acudir”, un efecto que atribuye a laSexta, ya que fue la primera cadena que “supo ver” la rentabilidad de la política; “los demás fueron a la zaga”.

Y es que hay un precedente clave en este fenómeno: el “boom” de las tertulias políticas televisivas, un formato que en los últimos años ha crecido de forma exponencial en cuota de pantalla, impacto social y oferta.

La multiplicación de canales en el panorama televisivo y el coste “barato” que este formato supone a las cadenas son dos de las causas que justifican dicho auge, según apunta Jordi Rodríguez Virgili, profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra.

Eso, señala, se une a la paradoja de que al tiempo que se produce una “desafección” política, aumenta el interés ciudadano por la política, lo que obliga a los representantes de los partidos a acudir a otros programas que no son los informativos tradicionales.

“Llegamos al punto de que hay tertulias políticas en cadenas generalistas por la mañana, a mediodía, por la tarde y en 'prime time' los fines de semana; hace diez años era impensable”, asiente.

Igual de difícil que imaginar que la irrupción y el ascenso de un modesto profesor de universidad y presentador de un sencillo programa en la televisión de Vallecas -véase Pablo Iglesias-, ocurriera delante de las cámaras.

Una proyección mediática indiscutible -sigue acudiendo a platós, cada vez menos, pero ya como entrevistado en vez de contertulio- que ha sabido aprovechar y que, quizás, quien sabe, el resto de formaciones haya envidiado.

Los políticos se han convertido en un producto y tanto ellos como los propios medios sacan partido.

“Es un uso recíproco compartido y los programas de entretenimiento se han convertido en un escaparate fantástico”, afirman ambos expertos.

Pero no todo son ventajas. Participar en un rally, jugar al ping pong, al futbolín o hacer pinitos en la cocina de un cantante -ese sí que ha resultado ser la revelación televisiva de la temporada-, puede tener sus riesgos.

Y no solo personales, como hacer el ridículo queriendo ser el más “enrollado”, sino que el ciudadano acabe percibiendo al político como parte del espectáculo y se olvide del discurso.

Aún a riesgo de pecar por exceso, enseñar el lado humano de los aspirantes sigue siendo un clásico en campaña y la televisión el medio estrella. Y ya saben lo que dicen: una imagen vale más que mil palabras… hasta que empieza a ser cansina. EFE

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